Los clubes cuentan

¿Mancha poema?

Movimientos invisibles se propagan hacia el fondo, en todas direcciones,
mientras la piedra se precipita removiendo algas, asustando peces,
causando siempre nuevas agitaciones moleculares…”
Gianni Rodari
En “La piedra en el estanque” del libro Gramática de la fantasía

Y un martes después de nuestras lecturas llegaron los caramelos y Cristina compartió la poesía que eligió del libro de Olga Orozco que se había llevado a su casa para leer durante la semana:

Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras.

Al martes siguiente Norma llegó con el libro de Irma Cuña que se había llevado anunciando «me lo leí todo» y llamó la atención porque es raro leerse un libro de poesía todo de una vez… Y nos contó así como al pasar, que el médico le recetó un poco de reposo y aprovecha esos ratos para leer. Entonces conocimos algo de su rutina lectora, por ejemplo que en el dormitorio lee novelas y que el living lo destina a las lecturas al paso. Nos relata la historia de Irma Cuña con tanto entusiasmo que Lucre dice: “después de este speech hoy me lo llevo yo.”
Norma elige algunos poemas que había señalado aclarando que ella cree que la poesía la tiene que leer alguien con emoción, quizás como cuando lee Marcelo o cuando Marité reproduce un diálogo con voces distintas.
Así surgió una charla acerca de este tema que es un poco un mito porque hubo una época donde declamar era la forma de leer poesía, pero ya no. Quizás la mejor manera de leer se produce cuando algo nos conmueve de verdad y lo hacemos desde la propia sensibilidad.
Entonces empezó leyendo “Soledad” :

El que ama la soledad
ama una esfera de fuego
con el que aleja a los demás
mientras él se quema dentro.
El que ama la soledad
lleva sus penas ardiendo.

Y siguió con «Neuquina»:

Nací en Neuquén, oasis del desierto.
Inmenso reino del potente viento,
millonario de arenas y de piedras, […]

Al terminar, Cristina dijo “¡qué bien describe a Neuquén!” porque ella conoce esos paisajes y la poesía se los trajo. Habla de extranjeros italianos y alemanes.

Norma dice que seleccionó una última, que se refiere al esposo de Irma Cuña que falleció unos años después de casados. Aclara que ella es romántica pero que este poema le provoca una tristeza especial, como una tristeza buena, y nos lee «Una manera de morir»:

Inquieta,
por las noches,
te veía dormir,
murmurar levemente
o darte vuelta;
y ese cuerpo pesado que fue amor
y era un animal ciego
alentaba de pronto mi ternura
y te rozaba el pelo
como a los niños solos.
Y quedaba pensando,
más tranquila,
que estabas cerca y vivo
a pesar de mostrarnos enemigos.

Entonces Lucrecia toma el libro, lo recorre y dice… “y esta que es cortita y sigue a la otra”, y lee:

Es sábado. Atardece.
Abrirás una puerta,
encenderé la lámpara;
empezarán a tintinear los vasos
y a invitarnos Vivaldi.
Pero has muerto.

Al despedirnos Lucre se va con Irma Cuña y Norma acompañada por Bashô.
Al martes siguiente Norma vuelve con Bashô y comenta «me está gustando la poesía…».
Recordó que yo había sugerido leer al azar y dijo que para ella, leer de forma continua el libro entero tiene sentido. Comenté que había propuesto una forma para entrar en los libros sin presión y para poder recorrer los varios títulos que andan danzando en el grupo.
Norma nos cuenta que el libro de Bashô intercala los haikus con parte de la historia, y que anduvo investigando y parece que este libro es un ejemplo de haibun, un género literario que combina prosa y haiku. Cuenta que durante su infancia, Bashô vivía en una casa asistiendo a un muchacho de su misma edad y que cuando él falleció decidió salir al mundo. Pensamos en el título del libro Diarios de viaje que en realidad no se refiere a un viaje en particular sino al viaje de la vida, donde va Matsuo junto a su mochila escribiendo haikus por todo Japón.

Alicia pregunta qué es un haiku y Marcelo explica que es una composición de tres versos con una métrica establecida y que refiere a la naturaleza y agrega que tiene algo de místico.
Norma lee su selección pero no puedo transcribirla porque el libro no volvió todavía a mis manos, ese martes el relato de Norma contagió a Cristina y con ella se fue Bashô.

Lucre tenía el libro de Irma Cuña y nos lee su selección. Empieza con “Soledad” que como coincidió con la lectura que en algún momento había hecho Cristina, decide seguir con «Tiempo»:

[…] Gira la tierra con sus horas malas
pero no vuelve lo que se ha perdido
breve es el tiempo para tanto olvido.

Antes de irnos Norma decide llevarse a Gelman, Cristina se va con Bashô y Marcelo se lleva a Pessoa. Y al martes siguiente Marcelo nos cuenta que Pessoa lo estuvo acompañando el domingo, cuando visitó a su madre en el geriátrico donde lo compartió con ella y otras señoras que se entusiasmaron con la poesía.
Agrega que el libro tiene una edición interesante porque incorpora los manuscritos del autor y podemos conocer su letra, algo que en estos tiempos está en desuso. Leyó varios poemas que había señalado, pero otra vez no puedo transcribirlos porque Pessoa decidió irse con Lucrecia.

Norma trae el libro de Gelman y dice que esta vez no pudo terminarlo «estaba con él y me fui con la nieta», confiesa, y agrega que es apasionante ver que según la edad con que leés algo lo entendés de otra forma.
Cristina, que se había llevado a Bashô, comienza leyendo su selección. Dice que no todo está referido a la naturaleza, que por ejemplo lo que ella eligió es de un momento cuando el poeta visita a Seinfú (un acomodado comerciante de flores que también se dedicaba al haiku y por eso conocía a Bashô) quien lo invita a quedarse haciendo un alto en el camino y Cristina lee para que entremos en tema: «Así nos retuvo varios días en su casa. No sólo dio reposo a nuestros cuerpos derrengados, sino que nos brindó entretenciones varias.» Y luego comparte los cuatro haikus que Bashô escribió en ese lugar.

Al terminar saqué las cartas de los Tinkuy para hacer una ronda de escritura de haikus y pasar la experiencia por el cuerpo. Pensamos en fotos instantáneas situadas en una estación del año y estas fueron algunas de las escrituras…

Lidia escribió pensando en el verano y la playa:

De madrugada
el sol golpea suave
la arena espera.

Norma también pensó en el verano:

Dibujar playa
luna, arena y amor
aquella noche.

Marcelo en cambio, se inspiró en el otoño:

Soy el otoño
detrás de la ventana
flores de hojas.

Cristina inspirada en la primavera:

En cada cielo
una rosa hermosa
florece blanca.

Luisa lee su haiku:

Por la mañana
el canto de la alondra
penetra en mí.

Y Lucrecia inspirada por el verano lee:

Campo y montañas
frutos rojos encienden
serenidad y luz.

El último martes antes de las vacaciones de invierno, Marcelo, que se había ido con el libro de Orozco y que como hizo la otra vez lo llevó el domingo al geriátrico, comenta con una mueca muy graciosa “y… les gustó más Pessoa…» Entonces hablamos de la selección y de lo que pensamos que puede o no gustarle a otros. Marce habla de surrealismo, de lo onírico, y nos leyó “Para hacer un talismán”:

Se necesita sólo tu corazón
hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.
Nada más que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca y no pueda dormir,
donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío
[…] he ahí un talismán más inflexible que la ley, más fuerte que las armas y el mal del enemigo.
Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que a un centinela.
Pero vela con él.
Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra; puede ser tu verdugo.
¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!

Al terminar volvió a la mueca diciendo “…y todo es así… ¡estaban las viejas… pobres…!» Pero también nos contó que por allí andaba escuchando una enfermera y les pidió permiso para compartir un texto propio y fue una hermosa experiencia.

Norma, que se había llevado nuevamente a Gelman dijo que había elegido el de Macarena (su nieta) pero decidió cambiarlo y leyó «Una mujer y un hombre»:

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.

Y al terminar nos cuenta que desde el otro día descubrió que le encanta escribir haikus y que su esposo la vio y le regaló una libreta hermosa para su nuevo amor.

Y así llegamos al final de la mitad del año y comenté que, obviamente yo no había leído todas las poesías de los libros que traía, pero que esta selección que ellos van haciendo, me permite descubrir lo que de otra manera no hubiera conocido y me provoca seguir leyendo. Por otro lado cuando envío este registro por mail para el blog, redescubro en la escritura otra lectura y pienso en las muchas posibilidades de la palabra. Escuchar es una experiencia, leer es otra y transcribir otra.
Prometiendo una renovación de libros y autores nos despedimos para reencontrarnos en quince días. Gelman eligió irse con Marce, Pessoa se volvió con Lucre y Bashô se fue con Lucía.

Selva Bianchi
Club de lecturas “Colegiales lectores”
B° Colegiales – CABA

si desean leer más acerca de algunas lecturas realizadas en la Red con el libro de Bashô pueden hacer click aquí  y con el libro de Irma Cuña, aquí

Patricia Domínguez
deinfanciasyliteratura@gmail.com

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