Los clubes cuentan

“No existen lectores sin caminos…” (*)

Hace tiempo veníamos pensando en abrir la biblioteca de La Ronda más allá de nuestra presencia en la Unidad los días viernes, entregar las llaves (allí donde todo está entre rejas bien cerrado) y fue así que un grupo de mujeres del Centro Universitario de Estudiantes que impulsan con gran coraje nuevas experiencias en su vida, no dudaron en tomar ese llavero y los libros.
J. se incluyó hace unos meses en La Ronda y nos planteó un problema «no sé qué hacer cuando hablo con las chicas». Las videollamadas breves, con poco intercambio –«cómo te va en el jardín y esas cosas…”– no lograban sostener el único vínculo que podía tener con sus hijas. Este problema no era sólo suyo, ella comentó que algo similar les sucedía a otras compañeras del pabellón.
Cabe agregar que las hijas e hijos de J. y sus compañeras de pabellón no viven con ellas en la Unidad Penitenciaria. J. y sus compañeras residen en los pabellones llamados “de población” a diferencia de los pabellones “de madres” donde sí las mujeres viven junto a sus hijas/os hasta los 4 años y a otras mujeres embarazadas.

Con J. seleccionamos algunos libros que quería leerles a sus hijas pero le costaba empezar. Lo hizo de a poco, mirando los libros, conversando sobre ellos, ojeándolos, leyendo fragmentos, eligiendo algunos: “…me llevé los libros (al pabellón) para leérselos a A. (hija de 5 años), la respuesta fue hermosa porque me encantó cuando mi hija se enganchó con el tema. Se lo propuse del lado de mamá.”

En esta oportunidad, elegimos reconstruir y compartir su recorrido, que será en primera persona, con sus propias palabras.
En la narración anida la fuerza de nuevos comienzos(**),escribe Byung-Chul Han, como también, que las narraciones son generadoras de comunidad, y al respecto J. dirá:
«Pensé en un pabellón de libros, un pabellón que sea tranquilo.»
«Yo se los propuse a mis compañeras y les encantó la idea. También alguna me dijo: ´Negra, pero yo si le llego a leer un cuento a M.( su hijo), no me da bola´.»
«Pero probá, vas a ver que no es lo mismo. Yo les conté que hay una biblioteca con libros infantiles.»

«Leer en una videollamada un librito, una parte del cuento y ver qué pasa con los chicos, porque creo que no se tiene que perder eso del libro, en papel, en hoja. A mí me encanta».

«Había una vez un niño… que estaba con un adulto… y el adulto tenía un libro… y el adulto leía…», escribió Emilia Ferreiro. En este fragmento los puntos suspensivos abren una incógnita, dejan en suspenso el discurso, algo falta y el devenir de la experiencia lectora entre J. y sus hijas irá otorgándole un sentido particular…

«Yo le leo un cuento a mi nena de 5 años y ella me hace una devolución, le gusta, es una manera de encontrar un circuito en la llamada, porque a veces ella se aburre o no me quiere llamar, está mirando la tele o está mirando dibujitos entonces cuando yo le leo el cuentito ella se reengancha en los llamados o me pide que le lea, por ejemplo ayer a la noche me pidió que le leyera «No hay más lugar», me lo volvió a pedir. También me pidió «La llegada de José», se lo fui leyendo por partes porque son cinco libritos y se los fui leyendo por videollamada porque tenemos esa comunicación…”.
«En la videollamada de A. ella estaba (refiriéndose a su otra hija de 3 años), ´mami nos va a leer un cuento´, le dice A. ‘¿Querés que nos lea un cuento?’ No, dijo y se fue. Cuando escuchó que yo le estaba leyendo a A. se volvió a la videollamada, asomó la cabecita, se prendió y prestó atención. No hay una edad”.
“…de tan chiquita que no se acerca prácticamente en una videollamada, a que se haya acercado así, me sorprendió un montón, y verla también así, tranquila y escuchándome.”
«Un libro de cuentos es como que te atrapa, no tiene un límite de edad. Te lleva a la imaginación, por ejemplo grabé a mi hija en la videollamada, no salió el audio pero sí se la nota que está re entretenida y que se sonríe y que le gusta.”
«…ella me pide un cuento, elige, pregunta sobre los personajes (libélula), qué es ligera, qué es loto y se generan un montón de cosas, es nuestro vínculo, con A.no nos vemos hace dos años prácticamente. Si no se hubiese generado esto creo que se hubiese perdido el vínculo con mi hija”.
«A partir de ahí lo que hice fue mandárselo a A.y a otros, que tengo los contactos de algunas mamás que viven acá en diferentes pabellones. Eso con los videítos, pasaba eso, se lo mandé a A., se lo mandé a V. y a las mamás. Están los libros, esos videos están hechos en base a los libros.”

“Cuando el deseo de leer nos toca el hombro… Es allí cuando apelamos a la relectura para reincidir en esas emociones ya experimentadas, para desentrañar misterios, para satisfacer nuevas apetencias que van surgiendo por el camino que avanza con nosotros”, dice Laura Devetach (***).

Y sigue diciendo J.:
«La lectura atrae, ahora que estoy estudiando me encanta leer, había perdido ese hábito, yo dejé la escuela secundaria muy joven, a los 13, 14 años. Me encantaba la filosofía, estudiar, por cuestiones de la vida abandoné, dejé todo. El año pasado cuando empecé la secundaria que la profesora de Lengua y Literatura nos hacía leer y leer para todo el salón, era lindo, otra vez la lectura te llevaba a un lugar, un espacio que no era acá adentro (J. está estudiando el Profesorado de Historia). Eso no pasa con los cuentos, el cuento “Ya no hay lugar” me lo acuerdo de memoria y lo leí tres veces.»

“…me gustó porque en un momento ya no había lugar, pero siempre se hacía un lugarcito para los otros animalitos, la metáfora era cortita, a menos que… siempre entraba uno más hasta que no hubo más lugar para ninguno y se rompió del todo el barco, pero había un animal tan grande que los podía llevar a todos en su lomo. Lo que me gustó es que siempre hay lugar para alguien más. Era como una mamá, que de un problemón que se partió el barco al medio, había lugar para muchos más.”

Este recorrido como tantos otros continuarán… “La ronda” se va abriendo y los libros con ella. Siempre hay lugar para alguien más.

Club de lecturas “La Ronda”
Unidad Penitenciaria N° 33
Los Hornos – La Plata – Pcia. de Buenos Aires

(*) Devetach, L. (2012). La construcción del camino lector. Córdoba. Comunicarte.
(**) Han, B.C. (2023). La crisis de la narración. Barcelona: Herder.
(***) Devetach, L. (2012). La construcción del camino lector. Córdoba. Comunicarte

Patricia Domínguez
deinfanciasyliteratura@gmail.com

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