Leer, escuchar, imaginar
LA ANTESALA
Hace tiempo venimos pensando en el desafío de leer libros ilustrados en nuestro grupo, donde cuatro de los diez integrantes son ciegos y uno es de baja visión. Por eso solicitamos, en esta primavera, tres libros ilustrados.
Vivenciamos distintas maneras de leer: escuchando, tocando, percibiendo olores, sabores y texturas, que nos permiten evocar e imaginar y, así, conversar creando otros textos.
En esta oportunidad no sólo se trata de leer palabras escritas sino también imágenes.
Norma alude a la importancia de la voz y cómo esta impacta en quien escucha. En ese momento comprobamos que un mismo poema de Diana Bellessi, leído por la autora y por tres personas del club, “no dicen lo mismo”.
¿Y no pasaría esto con las imágenes? ¿Cómo leerlas? ¿Cómo sortear el punto de vista de quién lee integrando palabras e imágenes en voz alta en esta situación diversa? Voz y mirada en juego.
Estos interrogantes nacen del cruce entre las concepciones del acto de leer y las experiencias vivenciadas en el club, valorando las posibilidades de diálogo desde las distintas trayectorias de vida.
EL PRIMER ENCUENTRO
¡¡¡Llegaron los libros de la primavera!!!
La encomienda va pasando de manos en manos, tanteamos su peso y tratamos de adivinar cuántos ejemplares hay. Luego Norma (que tiene uñas largas) comienza a romper el paquete con la ayuda de Rosa. Leemos los títulos recibidos: A través del espejo (y lo que Alicia encontró allí) de Lewis Carroll, ilustrado por Benjamín Lacombe, Las interrupciones de Nicolás Shuff, ilustrado por Mariana Ruiz Johnson y Leche del sueño de Leonora Carrington con sus propias ilustraciones.
Rosa, con Leche del sueño en las manos, imagina una historia con princesa y la cuenta. Gabriel, con el mismo libro en las manos, nos narra la leyenda mitológica de la Vía Láctea que ha leído con su hija.
Comento que estamos ante un desafío porque se trata de libros ilustrados, es decir que no sólo leeré palabras sino también imágenes.
Patricia, como lo hace habitualmente, cierra los ojos. Ella dice que así puede experimentar cómo leer a través de la voz y la mirada de otra persona.

Abro tapa y contratapa del libro y cuento que las hojas quedan detrás como colgando en abanico. Norma (que no ve) agrega “como si estuviera volando”.
Continúo la lectura de las imágenes, los colores con sus matices, tipos y tamaños de letras, la ubicación en el espacio, el lomo y la continuidad del cocodrilo que aparece en el interior rodeado de ratas que van y vienen dibujadas como si fueran transparentes.
Mientras leo las imágenes surgen preguntas que ayudan a imaginar.
Sigo con “Juan sin cabeza”. Primero leo el texto escrito y luego las imágenes. Aquí todos se valen de la palabra, preguntando acerca de las imágenes. La expectativa sostiene esta experiencia.
Gabriel dice que recordó a Dumbo. Preguntan cómo es la madre y si Juan se parece a ella, si ella es la que va corriendo en la primera página seguida de un niño sin brazos, por qué llevan la cabeza hacia atrás… Se detienen en las alas.
El texto, en principio, provoca risa y al rato… ¿por qué la madre le pega la cabeza al revés? ¿Ella no ve? ¿Cómo se sentirá Juan?
El segundo relato es “El niño Jorge”: “Al niño Jorge le gustaba comer la pared de su cuarto…”. Aquí Gabriel dice que él comía tierra. Otras personas hacían lo mismo que Jorge siendo pequeños y hasta comentaron las curaciones que recibían porque los adultos suponían que les hacía falta vitaminas.
La lectura de imágenes llevó la conversación hacia qué es lo normal, la violencia de la mujer que señala al niño que tiene una casa en la cabeza… “¿y si fuera su deseo tener un hogar?” pregunta alguien. También surge la problemática de las patologías y la medicación en las infancias.
Patricia pide el libro para mirar las imágenes y se asombra porque lo que ella fue imaginando no es lo que ahora ve.
Llegó la hora de irse y sugiero pensar qué nos pasó con esta experiencia y cómo seguimos leyendo este libro.
Ana Francischetti
Club de lecturas “Miremos juntos”
San Carlos Centro – Santa Fe