Los clubes cuentan

Leer y escribir: “La Jacobo” como espacio de subjetivación

“A un extremo y al otro de lo escrito y lo leído hay personas que se encuentran,
 y ese momento que ofrece la lectura es el puente en el que se encuentran subjetividades…”
María Teresa Andruetto

El 16 y 17 de octubre compartimos, con el Club de Lecturas “Entre letras y tintas”, las Jornadas de Literatura y Salud organizadas por la Biblioteca “Hoja por Hoja” del Hospital Dra. Carolina Tobar García.
El Club de lecturas “Entre letras y tintas” forma parte de la “Biblioteca Jacobo Fijman”, donde se promueven diversas propuestas culturales, entre ellas talleres de escritura, presentaciones de libros junto a sus autores y articulaciones con Centros Culturales del barrio.
Estas iniciativas abren espacios para la expresión, favorecen la circulación de la palabra, estimulan el intercambio social y promueven la creatividad en un entorno que invita a cada participante a pensarse y ser pensado.
El Club de lecturas, guiado por la consigna “leer y conversar”, propone una experiencia de lectura compartida que permite ampliar sentidos y enriquecer los textos. Cada voz, con sus matices de entonación, pausas y énfasis, abre nuevas posibilidades de interpretación. Estos encuentros invitan a adentrarse en el universo de la palabra como espacio de descubrimiento y de diálogo, donde se revelan múltiples mundos posibles. En este gesto colectivo, la literatura se convierte en un recurso de resistencia frente a la censura, el desarraigo, la violencia, la inequidad y el desamor, reafirmando su potencia para crear comunidad y sostener la memoria cultural.
En este marco, los encuentros del club brindan un espacio para la elaboración simbólica y posibilitan efectos estabilizadores que contribuyen a disminuir el malestar psíquico.
La escucha atenta de los compañeros y coordinadores ofrece un alojamiento simbólico y habilita el desarrollo de potencialidades subjetivas.
Un señor que viste de traje y comparte la palabra de Dios en todo lugar, viene al Club y comenta que estuvo leyendo a Horacio Quiroga. Dice que le hace muy bien que dejen libros en una cajita en la puerta de la Biblioteca para poder llevar y leerlos. Se trata de los libros libres de la Biblioteca.

—Yo los leo a mi tiempo, los cuido mucho y después los devuelvo para que los pueda leer otro. Pensar en eso me hace bien… ¿es una manera de compartir, no?

Marcelo Percia (2017) trabaja sobre las sujeciones en su obra Estancias en común. Allí destaca una cita de Macedonio Fernández: “sin fantasía, mucho el dolor”. Seguidamente, recuerda a Melanie Klein para profundizar sobre las fantasías, a las que nombra como “eso que soporta intensidades sin nombre, angustias sin representación”. Finaliza reflexionando que “cuando el amor abraza desamparos, rodea existencias vacías con imágenes de la historia”.
Desde esta perspectiva, se propone aquí la idea de que leer puede ofrecerse como un acto capaz de generar otro relato de sí, del mundo y de la vida. Leer y escribir. Pensamos más en preguntas que en respuestas. ¿Qué significa escribir? ¿Inspiración, trabajo y disciplina, huida, búsqueda de aventuras, necesidad de poner orden en el caos de nuestra existencia? ¿Y qué significa leer? ¿Escapar de la rutina, encontrar respuestas a interrogantes existenciales, entretenerse, aventar la soledad?
Escribimos porque el laberinto de la vida nos encarcela y buscamos, con empeño, una salida. O quizás intentamos poner orden en ese caos de la existencia para seguir adelante, para encontrar un lector —alguien que escuche nuestro dolor, nuestra desesperanza, nuestro miedo— y así aventar el fantasma de la soledad. Tal vez estas sean algunas respuestas posibles, y con seguridad podríamos encontrar muchas más. Leemos para calmar la incertidumbre en la que estamos inmersos; para olvidarnos, aunque sea por un momento, de una realidad, una rutina o una pena que nos agobia; para encontrar compañía; para imaginar y conocer mundos presentidos… y muchas otras respuestas posibles. Creemos, de todos modos, que lectura y escritura se retroalimentan. No podemos pensar en una sin que aparezca el eco de la otra. Ambas representan, al mismo tiempo, una necesidad y una elección en la empresa de vivir. Ambas tienen, como punto de partida y como anunciación, el deseo.
Cada página es territorio y espejo; cada frase, una puerta.
El lector y el escritor se encuentran, se desafían, se buscan. En ese juego, el acto de leer se convierte en creación, y el acto de escribir, en descubrimiento.

Irene Prono, Nahuel Molinero Dávila, León Feldman y Bárbara Goldestein
Club de lecturas “Entre letras y tintas”
“Biblioteca Jacobo Fijman”
Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Dominguez Patricia
librosparaseguircreciendo@gmail.com

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