Nuestras tardes con Margueritte y Germain
En cada una de nuestras reuniones mensuales de todos los clubes, nos constituimos como un club de lecturas en sí mismo. A veces leemos libros, otras una lectura multiplicadora o experiencias de lectura publicadas en “Los clubes cuentan”, o… o… o…. Leemos y conversamos.
Como la Red está compuesta de 30 Clubes de lecturas, número imposible para una conversación, siempre proponemos tres fechas distintas para que cada participante pueda elegir la que más le conviene, de manera que cada encuentro resulta ser de no más de diez clubes y está abierta tanto a los coordinadores o representantes como a los participantes de cada club, todos igualados en calidad de lectoras y lectores.
En agosto, “leímos” una película: “Mis tardes con Margueritte” (dirigida por Jean Becker, a partir del libro de Marie-Sabine Roger).
Con tiempo pasamos el link para que quienes participaran la vieran antes de nuestros encuentros y les pedimos a cada lectora- lector que eligieran dos escenas que le hayan impactado para traer al ruedo de la conversación.
Monika Cruz, coordinadora del Club de lecturas “La Fonseca”, de Centenario, Neuquén, escribió después del encuentro:
Juntos a la tarde, conversamos entre nosotros en el encuentro mensual de la Red, como lo hacen Germain y Margueritte. El mismo vínculo tierno, libros mediante.
Ni Germain ni Margueritte vuelven a ser los mismos después de la lectura compartida, nosotros tampoco.
Para Germain se abren otros mundos, la lectura lo dignifica, se siente amado y esto lo ayuda a sanar. Margueritte aprende otra manera de ver el mundo, a observarlo detenidamente, a aprender de la naturaleza. Ella sabe que leer es también escuchar y habilita así el encuentro, en el cual ambos se acompañan.
Ellos y nosotros estamos convencidos que todos podemos leer. Necesitamos que alguien nos acompañe amorosamente. Que crea en nosotros para que la magia ocurra.”
Y nosotras agregamos algunas voces, impactos compartidos y aportes corales que tejieron la conversación:
*Cuando Germain se encuentra la primera vez con Margueritte en la plaza y le cuenta el nombre que le puso a cada paloma.
*La del amigo que intenta suicidarse, que siempre está ahí en un eterno conflicto.
*Esa contraposición de la grandeza del cuerpo de Germain (Gerard Depardieu), la nobleza de su ser, de su persona, y por otro lado la inocencia de la ignorancia, de la falta de instrucción diría yo, porque tampoco es ignorancia ya que es un hombre muy sabio en muchos otros aspectos más allá de la letra escrita.
*El título original de la película es “La Tete en friche” que en francés no es cabeza hueca, es cabeza sin pulir. La traducción es “cabeza baldía”.
*Es la cabeza baldía, donde se puede cultivar. En un terreno baldío se va a construir algo o se juega. Baldío no es vacío. Es un lugar con posibilidades actuales y futuras. El baldío es un lugar a construir y en donde, mientras tanto se puede jugar, encontrarse, una plaza silvestre.
*Un encuentro poco corriente entre el amor y la ternura que significan esos dos cuerpos, tanto el de ella como el de él, que se unen y que van traspasando todo ese aprendizaje de leerse mutuamente, porque él también le lee a ella.
*Dice: “verbos que crecían como la hierba, algunos se quedaban”. A mí me llamó mucho la atención y me gustó esto de las palabras, como resuenan en cada una de las personas.
*Y me resonaron a mí, con el diccionario. En mi caso, el primer diccionario ese de Atlántida, uno azul, lo tengo todavía guardado. Las palabras… , trineo por ejemplo, a mí me llevaban a un bosque en un lugar desconocido donde veía las sombras de la noche, mientras yo estaba en ese trineo que era la cama, veía a los lobos que me estaban mirando y tenía un miedo tremendo de pasar, de que la noche transcurriera. Y ya estaba cerrado el libro, pero quedaba esa historia en uno.
*Y el diccionario para él, cuando ella se lo regala, y no encuentra palabras que él conocía. Busca “tomate” y no encuentra todos los nombres que él conocía porque los cultivaba e identificaba las distintas variedades, con los distintos nombres que no estaban en el diccionario. No estaban las palabras suyas.
*Pero después va creciendo y descubre que tal palabra viene de tal… Aprender también que las palabras vienen de otras, que se pueden nombrar las cosas de otra forma. Con el paso del tiempo, sus amigos le marcan eso, le dicen: “ahora decís palabras que no se te entiende nada”. Ahí hay un juego muy lindo también, cómo se va armando también esa cadena de cambio, que cuando algo cambia, todo lo que es su entorno cambia, inevitablemente. ¿De qué otras palabras, aparte de las habituales, él se va apropiando? También con la barra de sus amigos del bar es interesante para ver este detalle.
*Me llamó también mucho la atención, la frase esa de “aullar como un perro en la tumba de mi madre”, y que los dos, Germain y Margueritte, venían de experiencias distintas, las dos de abandono. Porque en ella, en la vejez, hay un abandono de parte de la familia y de él ese abandono desde que nació, un abandono de no haber sido valorado, como persona.
*Ese amigo, el que se quiso suicidar… hay como un contrapunto entre el diccionario y las palabras cruzadas. El amigo hace palabras cruzadas, manifiesta todo lo que sabe , mientras Germain va al diccionario y se enoja por todo lo que él sabe, y en el diccionario no está, otra vez una contraposición tan interesante.
*Marguerite le hace entender que leer los libros es importante, pero que él hace otro tipo de lecturas, porque él puede leer a las personas y ver a las personas y leer determinadas situaciones, aunque él no entiende que eso es un conocimiento. Que son lecturas también.
*La peste es una cosa terrible y él está con todas esas cuestiones terribles que le pasaron de chico. Cuando ella le está leyendo “La peste” de Albert Camus y él cierra los ojos y ella le pregunta “¿se ha dormido?” y él le dice que no: “ me lo imaginaba”. Pensaba cuántas veces uno de niño cuando te leían de muy chico, cerraba los ojos. Yo recuerdo eso, porque mi mamá iba queriendo cerrar el libro, decía se durmió, y en realidad yo no estaba dormida, estaba imaginando lo que escuchaba. Me parece que con frecuencia, la palabra que convoca imágenes hace que tengamos que cerrar los ojos como un modo de no distraernos. También el poder de la voz. Elige la voz solo o a veces la voz con gestos y todo. A lo mejor son muchos estímulos y entonces escuchar la voz es concentrarse en uno solo .¡Y otra vez volvemos a la diversidad!
*Cuando él le dice “me ha agarrado por las orejas como a un conejo”, una delicia me pareció… yo pensaba: ella le está leyendo y a él lo atrapó por el oír.
*Y ella le dice a él que es un lector excelente, porque escucha con atención:
-Hemos leído La peste” – le dice Margueritte.
-Usted la ha leído – le contesta él.
-No, no crea Germain, es usted un lector excelente. Leer también es escuchar.
-¿Escuchar?
-Sí, fíjese en los niños, para enseñarles a leer, se les lee en voz alta. Si se lee bien, escuchan y piden más y luego lo necesitan.
*Era como una masterclass… esa escena Y también lo valora por la memoria auditiva que tiene. Sí. Cuando le dice que tiene una excelente memoria. Ella lo valora.
*Sí, pero esa escena tan hermosa también, cuando él le dice, “no, yo solo recuerdo lo que escucho”. Y ella lo mira, con una mirada tan comprensiva, tan tierna, porque estaban diciendo lo mismo. Ella no le explica diciéndole memoria auditiva, quiere decir… no. Lo mira y se calla y es una mirada ¡tan hermosa, tan hermosa!
*¡Y la escena de celos que le hace la novia cuando ve que le estaba llevando flores y no eran para ella!, y él termina contándole que es para Margueritte, que tiene noventa y cinco años y que sí, que él la quiere, y que le duele muchísimo que ella se esté quedando ciega, y él que es tan hábil para hacer un montón de cosas, no pueda arreglar eso.
*La impotencia que él siente. Sí, esa es otra escena hermosísima. Y mientras dice eso, él está haciéndole un hermoso bastón. Le está tallando en la empuñadura una cabeza de paloma.
*Y va a la biblioteca a buscar un libro para poder leerle él a ella ahora. Cuando la bibliotecaria con tan buena actitud, en vez de tomar uno y decirle este que es el libro que a mí me gusta, le pregunta qué libro busca. Y él ahí ya tiene palabras y le pide lo que quiere: “que sea un libro de fácil lectura, que no sea muy gordo, que sea corto y que lo pueda leer rápido”.
Hasta aquí, estos retazos de una conversación que rescatamos de una grabación.
Recordamos retazos del pensamiento de Carlos Skliar cuando dice: “Una conversación reúne, por lo menos, a dos fragilidades. Solo la confesión de una mutua fragilidad –es decir: lo que no se sabe, lo que no se puede– inaugura una relación conversadora”.
Una conversación es lo contrario de aquel «porque lo digo yo». El ‘yo’ no tiene ninguna trascendencia en la conversación porque se diluye en la potencia del ‘nosotros’.
Si les dieron ganas de ver o rever la película, acá va el link.
Patricia Domínguez y María Inés Bogomolny
Red de Clubes de lecturas “Leer y conversar”
Fondo de Cultura Económica- Argentina