Los clubes cuentan

Una ventana al Club “Hay lugar entre las páginas”

Hay lugar entre las páginas para leer, conversar, escribir, recomendar libros, películas, hacer juegos literarios… todo eso y más.
Este año nuestro Club tiene su ritual de bienvenida: los y las participantes de todas las edades miran una mesa con sustanciosos libros que pueden llevarse prestado.
Como siempre participa alguien nuevo, las formas de presentarnos son lúdicas… jugamos con la rítmica sonora de nuestros nombres y la pregunta que se instaló es: ¿qué libro estás leyendo? Así aparecen los intercambios y recomendaciones.
Casi siempre llevamos propuestas de lecturas y/o invitamos a que traigan algún texto relacionado con lo que quedó resonando de la reunión anterior. Están tan entusiasmadas/os (nosotras también) que agregamos otro día más a nuestro encuentro mensual y así pasamos a una frecuencia quincenal.
Es muy sorprendente la característica intergeneracional de este grupo. En un inicio propusimos separar la reunión por edades, pero el grupo hace lo que siente (una propone y ellos disponen ¡ja!) y quieren leer y conversar entre niños, jóvenes, adultos y adultos mayores. Esta diversidad nos hace recalcular las dinámicas y es increíble como cada participante se muestra deseoso/a de interactuar con grupos etarios que no están en su mundo cotidiano. De todas maneras, también cada grupo etario tiene su momento particular.

Un día hablamos sobre las infancias, y leímos el poema “La niña que fui” de Nina Ferrari,  de Editorial Sudestada y cada una quiso escribirle una carta a su infancia. Ese día también miramos libros sobre caperucitas y lobos; en nuestra mesa estuvieron Caperucita roja y  El bosque dentro de mí de Adolfo Serra (ambos de Ed. Fondo de Cultura Económica) y  Una caperucita roja de Marjolaine Leray  (de Ed. Océano).
Así nos cuenta Mónica Aón, coequiper del club, sobre la reunión de ese día:
Juguemos en el bosque mientras el lobo no está. ¿Está? Ayer pudimos jugar con lobo malo, lobo bueno, lobo picarón desalmado. Acompañamos a Caperucita y otros personajes en sus distintas versiones. Fue una experiencia para seguir por el camino más largo que seguramente nos llevará a explorar nuestras propias vivencias.

 

 

 

 

 

 

Otro día, hicimos juegos teatrales con las cartas “Puro teatro “de Tinkuy, y luego escribieron.

¡Digamos que es un club bastante movedizo!

Un día, en nuestro club que funciona dentro del Museo de Arte, apareció una luna enorme realizada por la artista visual de la ciudad, Marina López.  Mientras la mirábamos, Mónica leyó el poema de Federico García Lorca, “Romance de la luna luna”, y cada uno/a dijo qué representaba la luna para sí y los invitamos a traer textos sobre la luna.

Cristina se tomó el tiempo de realizar este audio poema de Jaime Sabines que pueden escuchar haciendo clic en “La Luna”.

También le dimos lugar a la lectura “Donde termina el olvido” de Lourdes, cuento premiado en un concurso literario de la revista barrial ATR de la ciudad de Mercedes. Ella es una de las integrantes del grupo. Una hermosa historia de amor entre adultos mayores.

Luego leímos libremente Orilleras, Antología de poesía contemporánea, de Ed. Sudestada. Cada participante eligió para leer en voz alta  el poema que más les llegó y las reflexiones fueron reveladoras.

Lo más lindo es lo que sucede después de cada lectura, reflexiones sobre la vida y la asociación libre que nos llevan por carriles poéticos.

Cada encuentro es sorprendente… podríamos decir que “hay lugar para el asombro entre las páginas”.

Alejandra Marroquín y Mónica Aón
Club de lecturas “Hay lugar entre las páginas”
Mercedes – Pcia. de Buenos Aires

Dominguez Patricia
librosparaseguircreciendo@gmail.com

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