Los clubes cuentan

Leche del sueño, de Leonora Carrington

Hoy regresó Hugo. A coro, le cuentan sobre la experiencia de lecturas con el libro Leche del sueño:

– Al abrir Ana el libro y decirnos que leía la tapa y contratapa, lo supuse en vuelo– le dice Rosa.
– Yo me enganché tanto con “Juan sin cabeza” y con “El niño Jorge” que me quedé rumiando– agrega Norma.
– No trates de entender, están locos– entre risas, comenta Gabriel.

Retomo esta idea del desafío que significa, para el grupo, la lectura de libros ilustrados.

– Entonces, es como jugar a ser ciegos de nacimiento, lo que no vemos lo imaginamos. Es una mezcla entre lo cotidiano y lo fantástico– afirma Hugo. Por ejemplo, los distintos calzados del monstruo de Chihuahua, puedo decir que cada uno representa una actividad del personaje.

Comenzamos a leer con Mirta una doble página ilustrada, con algunos textos breves:

Esto es la Señorita Gómez Castillo cosiendo pijamas por su niño.

Aquí nos detenemos en las palabras: “señorita” y “por su niño”.
¿Cose para ella, para vender las prendas y poder alimentar a su niño? ¿Nos habla del esfuerzo por su niño? ¿Su niño tiene que devolver el piyama a un amigo? ¿Por qué dice “esto es la señorita”? ¿No es una persona?, parece que la trata como una cosa.

– Ella sueña con su niño mientras cose– dice Hugo.
– Quizás es el niño que no pudo tener– comenta Rosa.

Cuando leemos las imágenes de la señorita Gómez Castillo cosiendo, nos detenemos en detalles del personaje (tamaño de la cara, su ojo izquierdo, su ojo derecho, cada ceja, las mejillas, el cabello, la frente, su vestimenta, su calzado, la posición de sus brazos y manos…) respondiendo a las preguntas que surgen (como si estuvieran componiendo la ilustración).

De la misma manera con la máquina de coser. Aquí quienes tuvieron experiencia con la costura van hipotetizando:

– El carretel sirve para ovillar y desovillar el hilo. La pieza de abajo tiene tres orificios distintos para enhebrar la aguja y hacer puntadas distintas– dice Norma.
– Cada pieza tiene su función– afirma Rosa.
– Las campanitas frenan y suenan. Me hace acordar al carro de la máquina de escribir– recuerda Norma y continúa- la mariposita es para dar mayor o menor tensión a la costura.
– Ahora… ¿por qué está cosiendo de pie?– pregunto yo.
– Como los telares en Méjico– responde Rosa.
– ¡Osa!– exclama Gabriel.
– Lo interesante es que buscamos la verdad y no la vamos a encontrar. Estamos jugando a imaginar, estamos creando otros cuentos a partir de estas lecturas– dice Hugo.
– La autora exagera para mostrarnos otras cosas– agrega Gabriel.
– Mediante el absurdo, también. A mí me encanta– redondea Norma.

Damos vuelta la página, y…

Pero esto sí que es un chango
En un bosque con agua.

Leemos las imágenes y Gabriel propone que busquemos qué es un chango en Méjico.
Marta lee: “puede referirse a un mono, pero también se utiliza para describir a una persona con un tono despectivo”.

– ¿No la habrán llamado así cuando era niña?
– Para mí– dice Rosa– con los dibujos está contando lo que ha sufrido.
– Es como una venganza– acota Gabriel.
– ¿Los dibujos son trazos como los que hacen los niños?– pregunta Hugo.

Aquí volvemos a leer las imágenes, sus matices, sus contornos, que nos dan idea del uso de acuarelas o lo asociamos con aquella “técnica” infantil que, con el grafito de los lápices de colores y un algodón, pintábamos los espacios más grandes. Eran como nubes de colores suavecitas.

Al leer la imagen y el texto: Esto parece un chango recuerdan cuando el monstruo de Chihuahua decía “cincos y cuatros, cincos y cuatros…”.

– ¿No serán los pasos de este chango?
– O también puede ser el cocodrilo de la tapa que acá aparece como chango.
– O una mezcla de vasos de caballo del monstruo con pies humanos descalzos.

Nos quedamos en silencio… Rosa reflexiona: “quizás sea lo que le pasó a la autora en su vida cuando la consideraban loca y la internaron en un psiquiátrico, cuando soñaba y tenía pesadillas… hasta que encontró su lugar en Méjico”.

Damos vuelta la página donde el color va de sepia a marrón oscuro con matices (parece hecho con algodón y grafito). El Señor Bigote Bigote que tiene dos caras – come moscas, baila- aquí está su quajolote.

Despejado el significado de quajolote (para nosotros el pavo de campo), Mirta lee al personaje. Norma advierte que quiere decir mucho. En la época en que vivía Leonora no era fácil decir algunas cosas. Esa imagen habla de dos versiones en la misma persona.

Hugo se pregunta:
– Es un bailarín que come moscas pero… ¿qué representan las moscas?
– ¿Por qué también la niña tiene dos caras y come arañas?
– Acá decimos que se tragó un sapo, ¿allá quizás digan que se tragaron moscas y arañas?
– Siempre hay secretos en las familias.

– También en las “mejores familias”– acota Rosa. Y cuenta cómo una artista plástica le enseñó a observar una obra, tomando distancia para poder descubrir detalles y detenerse en ellos. Recuerda que en ese cuadro ella se asombró al ver un trébol de cuatro hojas como escondido dentro de la imagen. Cada vez que volvemos a leer encontramos más cosas.

– ¿Y si el Señor Bigote era su padre?– arriesga Hugo. Los dibujos son relatos de una familia de dos caras, parecen una cosa, pero son otra.

–Hay que ser muy valiente cuando no te aceptan como sos. Por eso los secretos son como sentimientos encontrados entre lo que sos y parecés ser– acota Rosa– te aguantás y lo reprimís.

Reparamos en palabras como: El conejo si es bonito, pero no es de ellos.
Todos son muy feos.
¿Qué es bonito? ¿Qué es feo? Las etiquetas y las burlas.

– Como la trataban de loca, eligió mostrarlo desde lo absurdo– agrega Norma.

No sólo leemos entre líneas e imágenes, en zigzag, sino también punto atrás.
Marta relaciona la imagen al revés de la Señora Bigote con la de Chavela Ortiz, porque ambas no tienen brazos sino sólo manos.
Así vamos y venimos por La leche del sueño.

Ana Francischetti
Club de lecturas “Miremos juntos”
San Carlos Centro – Santa Fe

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Haciendo click aquí pueden encontrar el relato del primer encuentro de lecturas de este libro -textos e ilustraciones-, también de «Miremos juntos”, Club al que asisten 10 integrantes, de los cuales 5 son personas ciegas.

Dominguez Patricia
librosparaseguircreciendo@gmail.com

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