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Roberto Juarroz, un vecino poeta

UN VECINO POETA
Coronel Dorrego, a 100 años del nacimiento de Roberto Juarroz

Roberto Juarroz es uno de los poetas argentinos más importantes, su obra es reconocida internacionalmente como una de las más destacadas del siglo XX.
Nació en Coronel Dorrego, nuestro pueblo.
En una carta autobiográfica que escribió en agosto de 1986, volvía sobre sus recuerdos de infancia con estas palabras:

Nací en un pequeño pueblo de campo, el 5 de octubre de 1925. Pasé allí una infancia relativamente alegre, con altibajos o anuncios de soledad y misterio. Descendiente de vascos por ambas líneas, pero ya hijo de argentinos, mi padre era jefe de la estación del ferrocarril, donde viví hasta los 9 o 10 años, cerca de la atmósfera de los trenes de larga distancia, cargados para mí del espíritu del viaje y la aventura. Además, hubo en mi infancia otros dos factores importantes: la naturaleza –la tierra, la pampa, el campo abierto, el enorme silencio, algunos árboles, muchos pájaros, animales, lluvias, vientos, cielos interminables, mar– y la religión –el templo católico, las oraciones, los libros piadosos, la frecuentación de sacerdotes y monjas, el colegio religioso–.

Cuando tenía 10 años, se trasladó con su familia a Adrogué y luego a Temperley. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras y en Ciencias de la Información de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y amplió sus estudios en La Sorbona de París. Trabajó como bibliotecólogo para la Unesco y la OEA en varios países latinoamericanos. Fue profesor titular de la UBA, donde dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación entre 1971 y 1984. Desde junio de 1984 fue miembro numerario de la Academia Argentina de Letras.

Su obra se agrupa en una serie de volúmenes correlativamente numerados del uno al catorce, bajo el título general de Poesía Vertical.  El primero publicado en 1958;  el último, Decimocuarta Poesía Vertical, en 1997, de manera póstuma.
Roberto Juarroz murió en Temperley el 31 de marzo de 1995.

En relación con el concepto de Poesía Vertical que eligió para titular toda su obra, Juarroz dice en un poema:

Ir hacia arriba no es nada más que un poco más corto
o un poco más largo que ir hacia abajo.

Y explica:

Me atrajo una visión, y es que de todos los movimientos del hombre hay uno hacia el cual inevitablemente vamos, que se repite a lo largo de la vida hasta que se da en forma definitiva: la caída. El caer abarca desde la hoja del árbol hasta todo lo que existe en el universo. La caída es algo así como el centro de nuestras vidas y de nosotros mismos.
Sin embargo, sentí que paradójicamente se producía también el movimiento inverso. Como si en el fondo de la caída hubiera un rebote, y es allí donde se encuentra el ascenso…. Así como el movimiento hacia abajo es una respuesta para tener un peso concreto sobre la tierra, se daba un movimiento inverso, una especie de ley de gravedad invertida.… El ascenso que a veces se prodiga en el amor, en el gesto generoso de una persona a otra. De ahí la elección de un título general que no era una decisión tomada orgánicamente cuando publiqué en el año 1958 el primer libro, pero que luego se afirmó como una posibilidad que definía muchas de las cosas que yo buscaba. Y cada libro se llamó igual, con un ordinal delante.

Para Roberto Juarroz,  la poesía es el absoluto real, un nuevo sentido de lo sagrado sin teología, la vida no fosilizada o desfosilizada del lenguaje.

Escribe en uno de sus Fragmentos verticales:

La poesía es una vía irregular, no ortodoxa, herética del conocimiento, unido en ella a la visión y la imaginación. Es una metafísica instantánea, como escribió Bachelard. Y a la vez mantiene los ojos abiertos hacia el misterio…Y enriquece o aumenta ese misterio, como si fuera un don o un fundamento.

Juarroz afirma que la poesía crea realidad, no ficción; que la poesía es realidad, la mayor realidad posible porque es la que cobra conciencia real de la infinitud.
La poesía sería la dimensión última del lenguaje, de la expresión humana en las cosas que no pueden decirse de otra manera.

El misterio no tiene dos extremos:
tiene uno.
El único extremo del misterio está en el centro
de nuestro propio corazón.
Sin embargo,
no dejaremos nunca de buscar el otro extremo,
el extremo que no existe.

Poema 77, Duodécima Poesía Vertical

La poesía fue su modo de vida, un modo del ser, no del hacer.

El poema continuo,
la escritura continua,
el texto que nunca se termina
y nunca se interrumpe,
el texto equivalente a ser.
La vida se convierte
en una forma de escritura
y cada cosa es una letra,
un signo de puntuación,
la inflexión de una frase.
 
Inaugural metabolismo
de una filología
que ha descubierto un nuevo verbo:
el verbo siempre.
 
La poesía se escribe siempre,
vivir se vive siempre,
algo despierta siempre:
poema-siempre.
 
El ser es escritura.
 
Y una palabra es suficiente
para toda la acción:
siempre.
El otro verbo,
nunca,
es tan sólo su sombra.

Poema 32, Undécima Poesía Vertical

En abril de 1990, Roberto Juarroz visitó Coronel Dorrego. Se reencontró con gente amiga y familia y volvió a recorrer la estación del ferrocarril y la casa donde nació. Allí descubrió un árbol y recordó que en ese árbol había una hamaca en la que su madre lo hamacaba. Y entonces supo le dijeron que se lo llamaba “árbol del cielo”. Lo mencionó, emocionado, en la conferencia que dio por esos días:

En mi niñez en Dorrego, en aquella niñez en que mi madre me hamacaba en un árbol que todavía está en la estación y que ayer descubrimos que se llama árbol del cielo, nada menos. En mi niñez es como si se hubieran dado por anticipado todas las cosas que después iban a venir, a través de los silencios, los pájaros, los horizontes, el campo, la apertura, todo eso que es el placer en la vida.
Es decir que antes de hacer el pan con la harina ya estaba hecho el pan sin la harina.
En la poesía lo sintetizo en un verso que es: Mi niñez que era pan anterior a la harina…

Este año 2025, año del centenario de su nacimiento, quisimos homenajearlo, quisimos traer a nuestra memoria su infancia en Dorrego, que su nombre sea parte de nuestra identidad, celebrar su poesía, acercarla a todes.
“Año Vertical” llamamos al proyecto que armamos desde educación, con docentes de todas las modalidades y todos los niveles. Desde marzo a diciembre, Roberto Juarroz sería invitado de honor en las escuelas. Y así fue y así está siendo: la poesía habitando las escuelas a partir de lecturas, talleres, jornadas de arte, teatro, música, juegos, encuentros.
Y en cada acción, el árbol fue símbolo de su infancia y de su poesía vertical: raíces y cielo.

El fondo de las cosas no es la vida o la muerte.
Me lo prueban
el aire que se descalza en los pájaros,
un tejado de ausencias que acomoda el silencio
y esta mirada mía que se da vuelta en el fondo,
como todas las cosas que se dan vuelta cuando acaban.
 
Y también me lo prueba
mi niñez que era pan
anterior a la harina,
mi niñez que sabía
que hay humos que descienden,
voces con las que nadie habla,
papeles donde el hombre está inmóvil.
 
El fondo de las cosas no es la muerte o la vida.
El fondo es otra cosa
que alguna vez sale a la orilla.
 
Poema 4, Primera Poesía Vertical
 

Laura Forchetti
Club de lecturas “Los martes, orquídeas”
Coronel Dorrego – Pcia. de Buenos Aires

Dominguez Patricia
librosparaseguircreciendo@gmail.com
1 Comment
  • Marcela Ganapol
    Posted at 11:11h, 08 noviembre Responder

    Hermosura!!! Gracias por volver a traernos a Roberto Juarroz desde su tierra natal. Aprendí mucho y me conmoví otro mucho. Abrazo vertical desde las sierras de Córdoba! Marcela Ganapol, de Cuenterío biblioteca serrana en movimiento

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