Los clubes cuentan

Un árbol de trigo

En la plaza de nuestro pueblo hay un Ranchito Literario, una biblioteca al paso, libre. Fue soñada y plantada por un grupo de vecinas, que la sostienen hace dos años a puro amor por los libros.
Nosotras somos parte activa desde el inicio, gestando cosas en común con nuestra Biblio Rodante y el Club de lecturas de La Luna.
Fue en una reunión, los primerísimos días de diciembre, que surgió la idea: “Un árbol de navidad en la plaza del pueblo que tuviera un sentido, que fuera una construcción colectiva”.
Así fue como convocamos a una vecina nueva, que se dedica al arte efímero con plantas y flores, para que nos guíe. Conversando con ella, que aceptó inmediatamente embarcarse en esta aventura, aparecieron palabras que no dejaban de resonar: comunidad, ritual, tradición ancestral, solsticio de verano, ramas, luces, flores.
Estaba decidido: haríamos una recolección grupal de ramas y flores por distintos senderos y luego trenzaríamos esos verdores y colores en una convocatoria libre para todo el pueblo. Acordamos fecha y nos pusimos en acción. Reparamos la vieja estructura de hierro, que antes se usaba para el árbol de Navidad tradicional, la soldamos, la pintamos de verde, recibimos una donación de una tira de luces cálidas, arreglamos la gran estrella de 5 puntas y le pusimos luces.
Por otro lado nos preguntábamos el por qué del árbol de navidad. Y mientras unas descubrían que estábamos en plena cosecha del trigo, otras encontramos que en el hemisferio norte, en pleno invierno, se decoraban con frutas los árboles para restituir el equilibrio sobre el desorden que impone la sociedad a la naturaleza. También para comprender que lo que acaba nutre a lo que llega, para sostener la esperanza de que todo florecerá en primavera. Siempre nuestros rituales giraron en torno a la naturaleza, que sean buenas las cosechas, que todo recupere su verdor después del largo invierno, que el sol venza a las tinieblas, que las lluvias lleguen oportunas.
Por mi parte fui criada en la ciudad, tan ajena a los ciclos, tan ajena a cuándo es el día en el que el sol está más cerca o más lejos de la tierra. Ahora, viviendo en el pueblo, atravesada por cada momento del ciclo vital, siendo naturaleza, me chirriaba la idea de decorar un árbol, un abeto. Me pregunté cuándo perdimos el hilo de lo que aquí, en estas tierras, sucedía en el solsticio de verano, porque la Navidad es una fecha que acomodó la religión para absorber las fiestas paganas del hemisferio norte, entre ellas las Saturnalias. ¿Y en el hemisferio sur? ¿Qué pasaba antes de la llegada de la colonización en estas épocas? Se celebraba, claro que sí y era una gran fiesta, la fiesta del sol, se celebraba “La Luz”, el día dónde el sol está más cerca de la tierra y todo está verde y florecido dando frutos y el trigo está listo para cosechar.
De pronto, todo cobró sentido. Nos organizamos y salimos en dos grupos, previo permiso de los encargados de los campos, a cosechar trigo a mano. Volvimos a tocar el trigo, a ver sus espigas, a disfrutar su brillo, cantamos, bailamos y por un momento el tiempo fue otro. Ocho bolsones de un metro cúbico cada uno. ¡Mucho, mucho trigo!

Al día siguiente era la cita en la plaza del pueblo. Íbamos llegando con la ilusión de levantar un árbol de trigo. Todas las edades estaban presentes y cada quien fue encontrando su tarea. Unos hacían los atados, otros cortaban lo que sobraba, unos enroscaban con alambre los atados, otros cebaban mate, los chicos jugaban.
En el atardecer, el sol volvió dorado al árbol. De pronto ya casi estaba y las luces se encendieron. Hicimos una ronda al pie del árbol y bailamos unas chacareras dobles. La alegría estaba en el aire. Y se hicieron turnos para sacarse fotos al pie del árbol.

Todos coincidíamos en que había quedado hermoso nuestro árbol, pleno de significado. Celebramos la luz del sol, celebramos la luz que hay en cada uno de nosotros.
Ayer a la noche salimos un grupo en bici y al pasar por la plaza me emocioné, ahí estaba encendido, brillando de sentido, nuestro árbol de trigo. Y sigue ahí, cuchicheando con la luna.

Fernanda Gómez
Club de lecturas “La luna”
Duggan – Pcia. de Buenos Aires

Patricia Domínguez
deinfanciasyliteratura@gmail.com
1 Comment
  • Moni Pampinella
    Posted at 12:07h, 26 diciembre Responder

    Me alegra ese espíritu navideño, los rituales y el festejo de un ciclo que volverá a empezar en 2026

Post A Comment