Los clubes cuentan

De bibliovalijas, refugios poéticos y conversaciones

Vengan a conversar y compartir tiempo con nosotros. Es todo lo que necesitamos– nos dijo uno de los chicos la primera vez que fuimos a la Casa “Ceferino Namuncurá”, un lugar para jóvenes que se están recuperando de adicciones, de la localidad de San Bernardo (provincia de Santa Fe).
Caminábamos por la inmensa huerta que ellos tienen, luego de compartir algunas lecturas que el grupo de “Abuelas Cuentacuentos” llevó para leer en voz alta y comentar. Mientras nos mostraban su huerta, muchos de ellos remarcaron ese pedido: tiempo para conversar. Para ese primer encuentro seleccionamos y confeccionamos tarjetas con poemas de Julio Migno, José Pedroni, Fernado Birri y textos cortos de Eduardo Galeano y Juan Sasturain.
Eso fue hace dos años y a partir de ese día volvimos a ir muchas veces. En estos encuentros: leímos, conversamos, plantamos árboles, leímos, saboreamos los panes que ellos cocinan, leímos, compartimos recetas, alabaron los budines que cocinó Belkys, leímos…Nos contaron cosas de sus vidas cuando caminábamos, mirábamos la huerta o compartíamos la merienda.

En algunos de esos encuentros nos dijeron:
Mi abuela se llama como usted– le decían a Celia.
A mi abuela le gusta leer– le comentaron a Elena.
Yo iba a los encuentros de Mempo, en Chaco– le contaron a Ramona.

En otro encuentro, les llamó la atención el libro “Cuentos silenciosos” de Lacombe y la conversación fue muy animada: recordaron las versiones que ellos conocían, las versiones que les contaban a sus hijos, recuperaron historias, canciones y escenas de sus infancias.
-Mi hijo está con su tía…tiene síndrome de Down…cuando regrese me gustaría compartir este libro con él- susurró Darío.

Para Navidad nos pidieron cartas…que les escribiésemos e hiciéramos llegar …cartas.

Cada encuentro es UN DESCUBRIMIENTO.

En diciembre del 2025 nos pidieron LIBROS. Libros para que queden en las “casitas” como ellos llaman a estos tres lugares en los que habitan mientras están sanando. “Mamá Antula” y “Ceferino Namuncurá” son las “casitas” ubicadas en la localidad de San Bernardo; la de “Cura Brochero” está en la localidad de Luciano Leiva. Se encuentran en entornos rurales y los jóvenes que viven allí provienen de diferentes provincias de nuestro país.
A fines de diciembre iniciamos la campaña solicitando por diferentes medios de comunicación que donaran libros y tres valijas con ruedas para armar tres BIBLIOVALIJAS (una para cada casita). En febrero, entregamos las bibliovalijas con los libro donados.
En el encuentro de ese día, se armaron mesas de libros para que pudieran explorar, seleccionar y leer. Hubo reencuentro con fragmentos que recordaban, hubo risas, hubo asombro “¿estos libros nuevos y lindos son para nosotros?”, hubo silencio y luego…ellos leyeron en voz alta para nosotras.

Las BIBLIOVALIJAS-refugios poéticos- están en cada casa para que estos lectores “las pongan en movimiento” y para que estén presentes cuando nos reunimos alrededor del fuego de la literatura para dialogar, compartir, conocer/nos, construir juntos espacios de amparo poético…porque como escribía Liliana Bodoc: «la palabra tiene que ver con lo que somos, tal como los huesos, como la sangre, como los músculos, como los nervios. Palabras, somos palabra, por eso somos seres humanos«.

Patricia Torres
Club de lecturas “Abuelas cuentacuentos”
San Justo – Pcia. de Santa Fe

Patricia Domínguez
deinfanciasyliteratura@gmail.com

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