Leer y escribir desde las orillas de la ficción
Clarice Lispector dice que “escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra… muerde la carnada, algo se escribió”. Podría afirmarse entonces que escribir es un arte donde se pone en juego el modo en que cada quien utiliza la palabra.
En el Centro de día “El Faro”, el espacio de Laboratorio es una apuesta que va desde lo general, leyendo literatura en sus diversas formas -cuento, poesía, diario, relato breve- al giro más singular de la voz propia elaborado en la escritura. Creación de lazos, recurso frente a momentos de desvitalización y angustia, valoración personal a partir de lo producido, respeto de un espacio propio y de otros.
En este espacio fuimos orientando las lecturas bajo la premisa del “Día mundial para la prevención del suicidio”, celebrado el pasado 10 de setiembre.
La pregunta ejercida como intento de desbrozar el camino ha sido: ¿Qué lleva a alguien a suicidarse?
Los textos que hemos ido recorriendo han sido el capítulo 69 de Rayuela, “Otro suisida”, y «No se culpe a nadie», cuento del libro Final de juego de la obra de Julio Cortázar. También nos hemos detenido en los Diarios y en la Poesía completa de Alejandra Pizarnik, incluyendo la correspondencia sostenida entre Julio y Alejandra.
En esta instancia, y luego de haber concluido con las lecturas, surgió la idea de jugar a la escritura de cartas. Inventamos dos orillas, la de Pizarnik dando cuenta del dolor de existir y en franca retirada del mundo y la orilla de Cortázar haciendo lo posible para sujetarla. Luego pudimos conversar sobre los propios estados y la alteridad entre los días celestiales y los días infernales considerando la metáfora borgeana.

Carta desde una orilla…

Carta en respuesta desde la otra.
Lucas Simó
Club de lecturas “El Faro”
Centro de Día “El Faro”
Mendoza
Laura Latorre
Posted at 11:18h, 31 octubre¡Cuánta poesía hay en esas cartas! Cómo dice Spinetta, «Las almas repudian todo encierro»
Abrazos
Javier Díaz de Quintana
Posted at 11:42h, 01 noviembreEl trabajo para la prevención del suicido es algo que en ámbitos educativos no se puede dejar de hacer (soy docente). Para muchos es un tema escabroso (pensando en lo que el diccionario dice de este adjetivo que hace referencia a un terreno que ofrece dificultades para transitar) como lo fue la ESI en su momento. Me parece una buena estrategia la de las cartas (tanto literaria como humana): ponerse en los zapatos de Alejandra y de Julio para poder ponernos en los zapatos de otros (o de todos). Gracias por compartir la experiencia. Javier de Neuquén