Flor Canosa: “En Argentina se genera una competencia de horrores”

diciembre, 2025
Acaba de ganar el premio Tristana a la novela fantástica en Santander y de publicar en Argentina “La tercera aberración”, su último libro. Su intenso presente se completa con la traducción al italiano de “Lolas”.

Es tan intensa, prolífica, la producción literaria de Flor Canosa que una charla de actualidad con ella puede incluir tres libros. Es lo que pasó con Página/12 a propósito de la tríada que concentra su presente inmediato. La conforman La tercera aberración, el más reciente, por un lado; La borra apretada del sueño que, aún inédita, acaba de ganar el premio Tristana a la novela fantástica de Santander, España, por otro; y Tette, flamante traducción al italiano de Lolas, trabajo originalmente publicado en 2015, que ganó el premio Equis, en Bolivia. El único, además, que escapa al negro esencial de su pluma. “Acaban de publicarla en italiano y es muy distinta a lo que escribo en la actualidad. Luego de editar aquel libro, mis derivas fueron otras. Empecé a moverme en la ficción extraña con distopías, cyberpunk y terror”.

Introducción al caso, pues, para abordar una de las dos nuevas novelas de Flor: La tercera aberración. Publicada para la colección “Tierra firme”, del Fondo de Cultura Económica, narra esta el devenir de un muchachito gay del interior de Buenos Aires que recala en un hotel porteño en plena dictadura, y convive con una rara familia y con inquilinos que van y vienen, sin reparar en que la casa lindante es un centro clandestino de detención. En la realidad, el hoy espacio para la Memoria ex CCD Virrey Cevallos. “Cuando empecé a escribirla, hace unos cuatro años, creía que muchas de las conversaciones sobre la dictadura, las desapariciones y la memoria estaban zanjadas. Ahora que se publicó, resulta que no, que tenemos que seguir hablando de lo que pensábamos que era obvio. Y esto también tiene que ver con esos sacudones que recibimos como sociedad”, sentencia la escritora y docente con pruebas al canto, lógico. “La novela narra un pasado, una herida abierta, las ausencias y una familia que no sabe o no quiere saber lo que está pasando afuera del hotel. Hay un adentro horroroso y un afuera que resulta ser más horroroso aún y que se filtra. Es muy difícil competir con lo que pasaba en la realidad y hacer una novela de terror `sobrenatural`, porque se genera justamente esa competencia de horrores”.

-Sostenés incluso que la Argentina es un país embrujado ¿Por esto que acabás de describir y por qué más?

-Porque es una sensación personal y literaria. Vivimos en un país hermoso que, a la vez, da la sensación de estar maldito, de que lo habitamos atrapados en una especie de bucle de crisis que se repiten y van horadando nuestros cimientos. Nos derrumbamos y nos volvemos a levantar, y esta es una idea bastante perturbadora, como si fuéramos zombis sociales. Estamos poseídos (risas).

-¿De qué manera esta concepción encierra el sino de tu novela?

-Bueno, una de las claves es que la casa se transforma cada quince años. Se mueven habitaciones, escaleras y espacios. Es una suerte de alegoría de esto que mencionaba antes: Argentina vive sistemáticamente periodos que nos mueven el piso y luego nos adaptamos, y seguimos adelante. A veces, olvidando incluso lo que pasó, porque para muchos es una forma de avanzar, aunque no mantener en la memoria quiénes fuimos y qué sucedió y por qué, nos obliga a repetir ciertos procesos.

-La historia está vestida de negro, de gótico ¿Motivos subjetivos?

-Creo que, por un lado, la Historia argentina está vestida de negro, porque tenemos esa suerte de herencia europea que es profundamente gótica, que parece no querer comulgar con la idea de que somos latinoamericanos. Somos trágicos, grises en muchos sentidos. Por supuesto, esta es una versión bastante porteñocéntrica, ya que el resto del país tiene tradiciones mucho más ligadas con sus raíces, mucho menos contaminadas. Por otro lado, somos hijos e hijas de una tradición literaria que dialoga con el romanticismo y el gótico y que, poco a poco, fuimos encontrando la manera de hacer propia. Creo que los argentinos somos pesimistas, tenemos una especie de pulsión de muerte bastante fuerte.

La concepción que acaba de esgrimir la escritora engancha con la segunda obra en cuestión: La borra apretada del sueño. Acaba tal de ganar el Premio Tristana antes de ser editada y la historia transcurre en tiempos de Rosas. “Es una novela gótica, pero también híbrida. Tiene gore, horror corporal, sexo explícito, una reflexión sobre las clases sociales y el rol de la mujer dentro de la época y es, de alguna forma, una novela histórica. Se desarrolla unos días antes y algunas semanas después de la Batalla de Caseros y hay episodios reales de la historia argentina, pero el 90 por ciento es ficción. Y es muy local, por lo cual es maravilloso que haya recibido un premio en España y sea publicada allá”, señala.

-¿Eso de “gótico rosista” es a favor o en contra del caudillo?

-No es a favor ni en contra, es el contexto histórico. Hay más preguntas que respuestas en el texto. Rosas no es un personaje, sino una circunstancia política para la novela. Sí aparece Manuelita Rosas como personaje. Lo que más me interesaba era remarcar la fascinación necrofílica de la época y la forma en que los autores unitarios exploraban la figura de Rosas. Basta leer AmaliaEl matadero o los cuentos de Juana Manuela Gorriti para encontrar una obsesión por mostrarlo como un monstruo, pero un monstruo fuertemente erótico, casi por momentos despegado de la humanidad. Siento que, en lecturas actuales (y góticas), era casi una forma rarísima de admiración. La literatura de ficción argentina nació gótica, no hace falta leer más que las primeras frases del Facundo.

-¿Cuál es tu visión política sobre Rosas y su período, más allá de la ficción que creaste en derredor de ello?

-Me crié con la lectura mitrista de la historia. Los libros de historia del colegio tenían un sesgo profundamente anti-rosista. Me llevó bastante tiempo reinterpretar esa historia y entender lo que significó Rosas para una visión federal del país. Es un personaje de una complejidad fascinante, que recién puede leerse como lo que era hace algunas décadas. Lo que pasa es que también la literatura de sus tiempos estaba en manos de la clase alta ilustrada, que era unitaria. Me encanta Rosas, me atrae muchísimo su figura, pero el objetivo no era una respuesta a esos textos fundadores de la literatura argentina, sino ambientar en esos momentos ominosos y extraños.

Fuente: Página 12
Por Cristian Vitale

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