La herencia de Spinoza en la obra de la filósofa brasileña Marilena Chaui

mayo, 2021
La filósofa brasileña Marilena Chaui, co fundadora del PT junto con Lula, indagó exhaustivamente en la obra de Baruch Spinoza. "La nervadura de lo real" es un libro que aborda su influencia hasta el presente.

Fuente: Página 12

Autos: Fernando Bogado

 

Pocos filósofos tan contemporáneos como Baruch Spinoza (Ámsterdam, 1632- La Haya, 1677). Y esa contemporaneidad no la marca la idea de que su producción filosófica haya estado “adelantada a su tiempo” y recién en el siglo XXI muchas de sus proposiciones puedan ser leídas en su sentido más exacto. Todo lo contrario. El marco de discusiones que plantea, desde la recuperación y crítica de la obra de Descartes hasta sus apreciaciones en torno al lugar de las pasiones y Dios dentro de la política, están poderosamente atadas a su tiempo. La actualidad de Spinoza tiene que ver con el respeto a la distancia contextual que tenemos con su obra, pero, a la vez, con el profundo interés que, desde el mismo momento de su circulación hasta el presente, ha tenido su trabajo. Spinoza es actual porque siempre ha resultado un contrapeso con respecto a las derivas del racionalismo solipsista, de los proyectos teleológicos y hasta del pesimismo de la razón. Y, en cada momento de esa misma historia, también, ha tenido que soportar los más diversos anatemas, las más diversas descalificaciones: panteísta, fatalista, inexacto. La nervadura de lo real: imaginación y razón en Spinoza, de Marilena Chaui, es un libro que tiene como principal punto de atención estudiar la manera en la cual lo escrito por Spinoza ha resultado, a veces, escandaloso para la filosofía y, por eso, digno de relectura.

Pero, ¿por dónde empezar a releer a Spinoza? La primera parte del libro, “Rastreando las cuestiones”, es un trabajo histórico y filológico muy prolijo de Chaui en su afán de reconstruir para el lector contemporáneo el ambiente intelectual en el que Spinoza escribió sus libros. La primera apreciación apunta al carácter doble de su producción: las complejidades de la obra spinoziana se apoyan en lo que muchos pensadores han considerado la coexistencia de términos excluyentes. Por ejemplo, el sostenimiento en la Ética demostrada según el orden geométrico de un punto de vista de la sustancia (o sea, Dios) y un punto de vista desde los modos de la sustancia (por caso, nosotros); o del Spinoza que cree que la naturaleza sigue las más estrictas leyes físico-matemáticas frente al Spinoza “místico” que entiende que Dios trasciende ese tipo de descripción, teniendo en cuenta, claro, que Dios, sustancia y naturaleza, para Spinoza, son términos equivalentes. Filósofos como Toni Negri apuntan que esta diplopía, esta “visión doble”, se debe a que Spinoza logra, por un lado, llegar a la cima del idealismo de la época, llevando a su cumbre los avances de las revoluciones científicas de su tiempo. Pero, por el otro, inaugura una línea materialista que debe ser pensada como una “filosofía del porvenir”. Yirmiyahu Yovel también sostiene esta duplicidad, pero se apoya en un costado teológico-político: el hecho de que Spinoza haya sido un “marrano”, hijo de judíos conversos ibéricos, marca un destino doble, un constante “no lugar”. Spinoza es, a fin de cuentas, el modelo del doblemente exiliado, de aquel que vive “el exilio del exilio”, tanto fuera de los cristianos como fuera de los judíos. De ahí, su proyección futura: la búsqueda, como otros en su misma posición, de una nueva patria apoyada en la religión racional tolerante y en un naturalismo contrario a la religiosidad, como destaca Chaui. Pero, para la filósofa brasileña, en lugar de ser puntos de llegada, estas concepciones conforman apenas “alamedas de partida” para una producción que fue más allá del suelo común compartido con otros pensadores “marranos” como Juan de Prado y Uriel Da Costa.

La segunda apreciación de peso en la reconstrucción de Chaui en este apartado tiene que ver con un dato determinante: Spinoza era pulidor de lentes. Y gran parte de sus explicaciones tienen que ver con el cambio en la concepción de la visión producido por Johannes Kepler. Idea que rompe la consideración neoplatónica en torno a la visión, presente en los cuadros del Renacimiento. La oposición central es simple: el Renacimiento sostuvo la idea de la Antigüedad de que el ojo era el que disparaba un rayo visual que iba hacia las cosas para recogerlas y llevarlas al ojo y, a través de él, al alma. De ahí que los cuadros del Renacimiento nos muestren un punto de vista invisible, el del pintor, que muestra lo que ve constituido casi de manera ideal. A partir del modelo de Kepler, la luz pasa a ser algo, a la vez, inmaterial y espacial, y el ojo funciona como un órgano receptivo de esa luz que no emana de sí. Esa concepción tiene su impacto en la pintura holandesa del período: de ahí el trabajo de claroscuros de Rembrandt, en donde los cuerpos del cuadro no están “iluminados”, sino que la luz parece salir de los propios cuerpos y es recogida por la conjunción de una potencia de ver y una fuerza propia de las cosas. Las ideas de Spinoza tienen mucho que ver con estos cambios “visuales”: como crítica al racionalismo cartesiano, la mente no es algo que está por fuera del mundo, construido por el pensamiento. Muy por el contrario, el mundo, las cosas por fuera de la mente, existen más allá de la propia mente, y es la conjunción de la mente y el cuerpo con lo que está alrededor lo que funda la posibilidad de un pensamiento acerca del mundo. Como en los cuadros de Rembrandt, el ojo del pintor y del espectador forman parte del mismo mundo en el que el cuadro se encuentra, sin haber una preeminencia ontológica de quien mira con respecto a lo mirado.

Si la primera parte es un volver a Spinoza desde la época en la que produjo, la segunda parte es una complejo repaso y crítica del llamado “spinozismo”, esto es, la manera en la cual el pensamiento de Spinoza fue recogido por diversos pensadores y cómo todo eso establece una plataforma apta para volver a los escritos del filósofo “converso”. Chaui realiza un juego sutil de “ir y venir” entre la recepción de Spinoza y lo que está en sus escritos, para de allí derivar posicionamientos personales que construyen una mirada latinoamericana. Co-fundadora del PT brasilero junto con Lula Da Silva, formada en Francia, reconocida internacionalmente, Marilena Chaui es una intelectual de primer orden que tiene en Spinoza la clave de una lectura “nuestra”: insistir en la obra de un hombre que vivió en un “exilio del exilio” para, de allí, pensar el mundo latinoamericano y, sobre todo, a la izquierda latinoamericana, en ese complejo lugar que tiene (más en la actualidad) de doblemente excluida: por fuera del mundo europeo y por fuera de una concepción política que siempre ha “marranizado” las alternativas utópicas. A nervura do real, originalmente publicado en 1999, es, en definitiva, un monumental estudio que, en palabras de Diego Tatián, responsable del epílogo, permite “la comprensión, rigurosa y creativa a la vez, de una experiencia del pensamiento única en la historia de la filosofía”.

Marilena Chaui ofrece en La nervadura de lo real (tres partes traducidas por Mariana de Gainza de un libro que en portugués es mucho más amplio) una puerta posible no sólo para profundizar la lectura de Spinoza, sino también para retomarlo desde nuestro continente, permitiéndonos a nosotros reivindicar la posibilidad de tener una mirada erudita y volcada a la praxis de la obra de un pensador tan originalmente disruptivo. Y es que, en definitiva y, sobre todo, en nuestro continente, todavía no sabemos bien, no hemos agotado del todo, lo que puede hacer Spinoza.