La participación adolescente en el siglo XXI

junio, 2021
Todos los adolescentes tienen un perfil en alguna red social. Las redes son el espacio que eligen para mostrarse y comunicarse.

Fuente: Cronista.com

Autora: Roxana Morduchowicz

 

Todos los adolescentes tienen un perfil en alguna red social. Las redes son el espacio que eligen para mostrarse y comunicarse. Poco se sabe, sin embargo, acerca de otros usos que hacen de la web. Entre ellos si la utilizan para participar. El mundo digital les ha dado a los adolescentes la oportunidad de producir contenidos, expresarse con su propia voz y compartir experiencias con sus propias palabras.

Ahora bien, ¿valoran Internet como lugar de participación? ¿Lo utilizan? ¿De qué manera? ¿En qué iniciativas se involucran? Estos son los interrogantes que exploró la investigación reflejada en el libro “Adolescentes, participación y ciudadanía digital”, con el objetivo de analizar qué significa participar para los adolescentes y de qué manera lo ejercen, especialmente en la esfera virtual.

Todos los adolescentes valoran Internet como espacio de participación. Este es sin duda un dato auspicioso. Nueve de cada diez valora el entorno digital para solucionar problemas de la escuela o de la sociedad. Ahora bien, si los adolescentes valoran el entorno digital para participar, ¿significa entonces que lo utilizan? ¿A mayor valoración de Internet como espacio de participación, también su uso es mayor? Aquí es donde comienzan las dudas.

Empecemos por explorar qué sucede en las redes sociales. Más de la mitad de los adolescentes prefiere no exponer ni compartir sus opiniones en Internet sobre los temas que más los afectan. Para el 55 por ciento de los adolescentes la comunicación con amigos en las redes sociales no es exponer sus ideas.

Expresar opiniones en la web es una actividad participativa importante. Cuando comparten sus ideas en Internet, los adolescentes sientan una posición, argumentan su decisión y se comprometen con el tema. Ello, sin embargo, casi no sucede. La investigación explica también esta falta de compromiso: la mitad de los adolescentes vivió alguna agresión o insulto al compartir sus ideas en las redes sociales.

Esta intimidación cuando opinan en la web podría ser el motivo por el que más de la mitad de los jóvenes prefieren no exponer sus ideas on line. Si los adolescentes perciben la agresión, podrían estar menos interesados en compartir su visión sobre los temas que les preocupan.

¿Qué sucede con otros usos de Internet para participar? También aquí aparecen interrogantes. Siete de cada diez adolescentes utilizan las redes sociales para informarse antes que para intervenir en debates, producir videos, organizar acciones solidarias o participar de una campaña. Las formas más activas de participación en línea aparecen desdibujadas.

Cuando se les preguntó si utilizaron alguna vez Internet para ayudar a resolver un problema de la escuela o de la comunidad, la mitad de los adolescentes respondió que no. Este resultado refleja la brecha que existe entre el porcentaje de jóvenes que valora Internet como espacio de participación y quienes realmente lo utilizan. El 98 por ciento de los adolescentes valora la web para participar. Sin embargo, solo la mitad la utiliza para actuar y ayudar a resolver un problema de la escuela o de la comunidad.

Las preguntas que deja el libro no son menores: ¿por qué los adolescentes priorizan formas pasivas de participación en las redes sociales? ¿Por qué si todos los jóvenes valoran Internet para participar, solo la mitad la utiliza?

Los adolescentes del siglo XXI, no hay duda, quieren participar. Les interesa hacerse escuchar. Y valoran el espacio virtual donde hoy transcurre su vida diaria. Solo habrá que pensar, desde el Estado y las compañías de tecnología, cómo acortar las brechas y promover un uso participativo de Internet, en el que puedan expresar su visión del mundo. Sin intimidaciones ni agresiones.