La tierra y los ensueños de la voluntad

Autor:
  • Gaston Bachelard

$350

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Los estudiosos modernos de poesía o de poética tienen como referencia obligada la obra del pensador francés Gaston Bachelard (1884-1962), uno de los espíritus intelectuales más generosos y desplegados de nuestro tiempo. Bachelard no fue un mero teórico ni un trabajador intelectual especulativo: mostró la vida en los textos, puso en relación la imaginación poética con lo que solemos llamar el mundo del exterior. De una formación múltiple y una notable erudición, Bachelard supo -con alegría y rigor únicos- modificar la concepción de la crítica literaria y, con ello, nutrir los movimientos más avanzados en el análisis del lenguaje literario. Fue un conocedor de varias disciplinas -la ciencia y su historia, la psicología, el psicoanálisis y, por supuesto, la literatura y en particular la poesía- y un filósofo en el estricto sentido de la palabra.
«He aquí la cuarta obra -nos dice el autor-, que dedicamos a la imaginación de la materia, a la imaginación de los cuatro elementos materiales a los que la filosofía y las ciencias antiguas, proseguidas por la alquimia, han situado como base de todas las cosas. Uno tras otro, en nuestros libros anteriores, hemos tratado de clasificar y de ahondar las imágenes del fuego, del agua, del aire. Quedaba la tarea de estudiar las imágenes de la tierra.
Esas imágenes de la materia terrestre se nos ofrecen en abundancia en un mundo de metal y de piedra, de madera y de gomas; son estables y tranquilas; las tenemos a la vista; las sentimos en nuestra mano, despiertan en nosotros alegrías musculares en cuanto tomamos gusto a trabajarlas. Entonces, se antoja fácil la tarea que nos queda por hacer para ejemplificar, mediante imágenes, la filosofía de los cuatro elementos. Parecería que, pasando de las experiencias positivas a las experiencias estéticas, podríamos mostrar en mil ejemplos el interés apasionado del ensueño por algunos bellos sólidos que posan sin fin ante nuestros ojos, por algunas bellas materias que obedecen fielmente al esfuerzo creador de nuestros dedos. Y sin embargo, con las imágenes materializadas de la imaginación terrestre empiezan, para nuestras tesis de la imaginación material y de la imaginación dinámica, incontables dificultades y paradojas.»

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