La pretensión de Putin es ser el líder del mundo

agosto, 2022
Claudio Ingerflom habló con LPO sobre su nuevo libro y las ambiciones imperiales de Putin. Por qué la invasión a Ucrania es solo el comienzo.

Fuente: LaPolitícaonline.com

Autor: Patricio Porta

En su nuevo libro El dominio del amo. El Estado ruso, la guerra con Ucrania y el nuevo orden mundial, Claudio Ingerflom plantea que la invasión ordenada por Vladimir Putin es el primer paso de una estrategia mucho más ambiciosa: convertir a Rusia en la potencia que lidere el mundo. Para eso el presidente ruso tiene que consolidar puertas adentro un régimen autoritario, basado en un nacionalismo incuestionable y en unos valores morales regresivos. Es el modelo que Putin busca proyectar.

Como asegura Ingerflom, doctor en Historia por la Sorbonne y magíster por la Universidad Estatal de Moscú, el avance ruso es más que una advertencia a los gobiernos occidentales, porque apunta directamente a los valores conquistados por nuestras sociedades, al menos desde la Ilustración a esta parte, como el rechazo a la opresión y el derecho a protestar. En los planes de Putin, la voluntad de los pueblos es un tema secundario. Los bombardeos sobre Ucrania que se repiten desde finales de febrero lo confirman. Esta «destrucción constructiva», como la describe en el libro, es la forma que encuentra el Kremlin para rediseñar un mundo que se parezca a Rusia.

La constelación de consejeros, funcionarios y voceros que rodea al presidente avala la censura interna -nadie puede contradecir los designios del líder- y el uso de la fuerza para imponer el liderazgo de Rusia en el exterior. En Chechenia, Georgia o Siria, como ahora en Ucrania, saben que Putin no acepta un rechazo a su doctrina. Esta nueva fase de expansión rusa tiene más que ver con un supuesto destino manifiesto que con cuestiones defensivas o de seguridad. Y no es se trata de un secreto. Putin y sus ideólogos apenas lo ocultan.

En el libro afirmás que Ucrania es un «daño colateral». ¿Cuánto tiene que ver esta guerra con las aspiraciones de Rusia?

Lo que dicen los portavoces del Kremlin y los expertos rusos en política internacional y defensa es que el problema no es Ucrania, que Ucrania es un momento particular y la OTAN no es un peligro para Rusia, al menos hasta febrero. Cuando ellos dicen eso, en realidad están diciendo que hay otros objetivos. La respuesta es explícita. Putin dijo en varias oportunidades que Rusia tiene que ser el país líder. Es su fórmula. Al mismo tiempo, dice que se necesita un mundo multipolar. Ese mundo multipolar ya existe. Hace 20 años que hay un trío que maneja el mundo: Estados Unidos, China y Rusia. Si no fuese así, el presidente de Siria no sería hoy el que es. Ya antes de la guerra en Siria, Rusia intervenía activamente en la política de África y Asia. La organización de mercenarios rusos Wagner es la que tiene el poder en países como Malí. Los países africanos pagan con las riquezas de las minas. Cuando Putin habla dice algunas cosas y otras no. Las que no puede decir por sus funciones, las explicitan sus consejeros. Está claro que con Estados Unidos, Rusia no quiere compartir el liderazgo del mundo. El Kremlin sugiere una alianza con China para dirir el mundo, pero al mismo tiempo los consejeros de Putin dicen que la tradición en China es convertir en vasallos a sus aliados. En el último Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Putin habló una hora y media y no mencionó a China. Cuando se le pregunta qué pensaba de la relación con China, Putin respondió que tenía una excelente relación con Xi Jinping pero que China no estaba obligada a seguirle el juego a Rusia. Y dijo que además podían arreglárselas sin China. Hace unas semanas atrás detuvieron a un científico ruso en física y lo acusaron de haber transmitido secretos de Estado a China. A partir de ahí intentaron convencer a otro científico de que acusara a su colega. Se negó. Estaba con un cáncer terminal y lo acusaron a él de haber transmitido la información. Los sacaron de la cama de un hospital, lo llevaron a Moscú, lo pusieron aislado en una celda y murió a los pocos días. Fue algo público y no se puede leer más que como un aviso a China.

Bueno, los discursos de Putin y sus consejeros están avisando que Ucrania puede ser el comienzo de algo mayor. Pienso también en ciertas declaraciones que aparecían en los medios rusos al inicio de la invasión sobre una respuesta similar en Polonia y los países bálticos.  

Lo que se repiten no son los acontecimientos, que son siempre singulares. Se repiten las estructuras históricas. Cuando Putin celebraba el aniversario del nacimiento de Pedro el Grande dijo que éste había readquirido tierras eslavas robadas a Rusia, pero en realidad conquistó territorios que nunca habían pertenecido a Moscú. La estructura histórica de Rusia es imperial. No es una acusación moral, es una constatación. La historia le da densidad al fenómeno actual. Hay sedimentos geológicos con biografías distintas, que se mueven y van conformando la superficie de la tierra. Si ponemos en relación lo que se repite con lo nuevo, entendemos qué puede pasar cuando un imperio aspira a más. Es lo que pasó en 1938. Los occidentales cedieron y lo que tuvieron como resultado fue la ocupación de Checoslovaquia. Ucrania es un poco el equivalente de los Sudetes hoy. La pretensión de Putin es ser el líder del mundo. Si él pudiese, reconstruiría el imperio ruso, no la URSS. Lo que pasa es que ahora es un poco tarde, porque ocupar Polonia implicaría una guerra mundial. Serguéi Karaganov, que dirige el think tank que aconseja a Putin en política exterior, dice que Estados Unidos nunca va a aplicar el artículo 5 de la OTAN e intervenir en defensa de un país atacado. Ellos saben que los regímenes liberales tienen algo que consideran una debilidad: que la opinión pública pueda pesar.

La camarilla de Moscú cree que es debilidad intrínseca, la libertad de las sociedades de expresarse, y que nadie querrá morir por los ucranianos hoy y los polacos mañana. La expansión imperial no fue más allá del espacio que Rusia podía reivindicar como una zona de protección. Lo nuevo es que Putin aspira a un rol de liderazgo que va mucho más allá y que hoy lo practican en África y en Asia. Su ambición es de escala mundial.

Putin quiere expandir los límites y la influencia de Rusia, eso implica una serie de valores que no serían conservadores, sino directamente reaccionarios, en el sentido de premodernos, anteriores a la Revolución Francesa. ¿Los funcionarios rusos comparten esa visión?

No podemos separar la política exterior de la política interna. Esos son los valores de la política interna. Hay armonía entre ellas. En Occidente no fue el poder monárquico el que le regaló a la sociedad la posibilidad de expresarse. La sociedad la conquistó. Si no preguntale a Luis XVI. El liberalismo viene también con sus propios vicios: el colonialismo, el neocolonialismo, la esclavitud. Pero nos beneficiamos de las conquistas liberales. Si Putin es antiliberal, yo quiero ir más allá del liberalismo, en el sentido político, en una representación federal de la heterogeneidad, terminar con la injusticia social. Rusia fue tradicionalmente hostil, para decirlo en términos suaves, hacia el liberalismo. El zarismo declaró que la fuente de legitimidad del poder era la designación del zar por dios. A la iglesia rusa se le negó el carácter de intermediario, como sí sucedía en las monarquías occidentales. El zar tenía una relación directa con dios, sumado al hecho de que era un régimen patrimonialista, la familia Romanov se consideraba propietaria de toda Rusia. La sociedad está desprovista de cualquier tipo de posibilidad de influenciar sobre la política. Como dios es bueno, el zar no puede ser malo. Con la Revolución de Octubre, el criterio de legitimidad de los bolcheviques se constituye sobre el acuerdo de una teoría científica que conoce las leyes del desarrollo social, escritas en El Capital y en las obras de Lenín. Si se dice que es una mala política es o porque sos un enemigo, y entonces hay que mandarte a un campo de concentración, o un loco, vas al hospital psiquiátrico. Los discursos de Putin hablan de un destino metafísico. Putin dice que Rusia nunca fue un país imperialista…

Una interpretación bastante libre.

Exacto. Dice que es una gran potencia y entonces tiene derecho a dirigir. Es una visión esencialista de su país contra la cual no se puede luchar. Si eso está inscripto en el destino, es como luchar contra dios. Por algo Putin se hace extremadamente religioso y su aliado más cercano es el patriarca de la iglesia rusa. Está intentando de nuevo, pero esta vez es más difícil, quitarle a la sociedad la posibilidad de expresar otra opinión. La semana pasada condenaron a siete años de cárcel a un legislador porque no quería organizar un festival de arte infantil en su distrito cuando las tropas rusas matan a cinco niños por día en Ucrania. Fue denunciado y ayer salió la condena.

Me pregunto qué formas de resistencia le quedan a la parte de la sociedad que se opone a Putin. La guerra le sirvió para cerrar medios críticos y encarcelar a los que rechazan públicamente la invasión. 

Una pintora de San Petersburgo (Alexandra «Sasha» Skochilenko) se dedicó a poner en las etiquetas de los precios de las góndolas mensajes contra la guerra y ahora está aislada en la cárcel. Decenas de miles se han ido a Georgia, Finlandia, Polonia. Adentro de Rusia hay que ser un héroe para oponerse públicamente. Están encerrando a muchos soldados que se niegan a combatir. Podrían ser cientos. Se sabe que al principio, como estaban convencidos de que iban a ocupar Kiev en 48 horas, mandaron a los conscriptos. No sabían que iban a la guerra, tenían seis meses de preparación militar y fueron a luchar contra un ejército que defiende su país y hace ocho años está en guerra civil con los separatistas rusos. Cayeron como racimos de uva y los reemplazaron por con contratistas que reclutan en pueblos aislados. Si es que llega el cajón, porque los están abandonando y niegan las muertes, no hay impacto. En Buriatia, una república perdida del sur, cuando se dieron cuentan se negaron al ir al frente y ahora están castigados. Hay movimientos de madres y esposas. Algunos fueron engañados. Los mercenarios están poniendo ahora la balanza del lado de Rusia.

El eufemismo de «operación militar especial» pone en evidencia un pensamiento mágico, la idea de que si no se nombra la guerra entonces no existe. ¿Esto tiene antecedentes en la historia rusa?

Es un buen ejemplo del peso de las estructuras. El zarismo siempre tuvo miedo a la palabra. En el siglo XVII podías ser castigado si soñabas cosas que no había que soñar y se lo contabas a alguien. En 1801 el emperador prohíbe la palabra «sociedad». No hay que decir «patria», sino «dominio del amo». No hay que decir más «ciudadano», sino «habitante». En la Unión Soviética pasaba lo mismo. Los estudiantes de la facultad de filosofía no sabían quién era Heidegger. Algunos profesores tampoco. Una vez cuando estudiaba en la Universidad Estatal de Moscú me llamó un profesor y me dijo: «me hablaron de un tal Althusser. ¿Usted que es extranjero sabe quién es?». Era una filosofía que se decía marxista. El rol del lenguaje es una estructura histórica. No se podía prever que prohibieran la palabra «guerra», el hecho de que lo hayan hecho es una novedad. Pero lo viejo permite que emerja lo nuevo. La razón lógica es que si ellos dicen que hay guerra, pueden movilizar. Al mismo tiempo es un formidable reconocimiento del miedo que le tienen a las palabras. Ellos están convencidos de que la palabra resuelve las cosas hasta cierto nivel. Después hay que fusilar. Por eso Bergoglio se quejaba el otro día de que quería hablar con el patriarca ruso y este le leía la propaganda rusa. Bergoglio quería dialogar. El director de los servicios de medios del país declaró que Rusia era el país con mayor libertad de prensa de todo el mundo. Cerraron la prensa independiente y dicen eso. No sienten los límites. Ese es el peligro. Es lo que pasó con el acuerdo sobre el trigo con un Ucrania. Lo acuerdan y al otro día bombardean.

Putin apeló a la estrategia de presentar a todos los ucranianos como nazis y a la misma Ucrania como un país sin derecho a ser independiente. ¿En qué momento se radicalizó tanto la retórica oficial del Kremlin?

La agresividad aumentó a partir del momento en que no pudieron resolver la cosa en un blitzkrieg. La desnazificación en la URSS fue superficial. En la práctica, el régimen soviético incorporó algunos valores del nazismo: deportación de pueblos enteros, la educación en la violencia, la fuerza como único criterio para sobrevivir. En las escuelas, los niños que apenas empezaron a caminar van disfrazados con la letra z (símbolo de la invasión rusa) dentro de tanques de cartón y mujeres oficiales del ejército. No es de extrañar que muchos de los soldados que llegaron a Ucrania, aunque hayan nacido después de la caída de la URSS, arrastran esas representaciones de las relaciones humanas. Prima la pulsión de destrucción y muerte. Para poder justificar que la ocupación de Ucrania no es una operación colonial, tienen que negar la especificidad nacional y falsificar la historia, todo en aras del destino metafísico de potencial líder de Rusia. Entran en conflictos que llevan a posiciones absurdas, como cuando Lavrov dijo que Zelenski era judío pero que Hitler también tenía sangre judía. Más allá de que siempre fue un argumento nazi y que se demostró mil veces que no es cierto, es la prueba de que faltan argumentos en este caso. Uno puede decir que el hecho de que Zelenski sea judío no es un criterio. Pero lo que Lavrov no dice es que en un país como Ucrania, con un gran pasado antisemita, como Polonia o Bielorrusia, el 73 por ciento de la población votó por un judío que no ocultaba que era judío. Eso es lo fundamental. Habla de una sociedad que maduró y que no es nazi, porque sin antisemitismo no hay nazismo.

Hubo una clara exageración de la cantidad de neonazis en Ucrania, que los seguidores de Putin, dentro y fuera de Rusia, también alentaron.

La extrema derecha sacó en las últimas presidenciales 1,6 por ciento, y en las legislativas, cuando se unieron todos los partidos de extrema derecha, sacaron 2,4 y no tienen un solo diputado en el Parlamento. No es que no hay nazismo en Ucrania. Lo hay como lo hay en cualquier parte del mundo. Hay un argumento en política y en historia muy simple: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. En la URSS, ese principio significaba un hartazgo con el sistema. Era la cuarta generación de la revolución de Octubre. Eso se va limando. No te podés casar con el régimen hasta tus tataranietos. Hay que darle perspectiva a la gente. A partir de los 60, las nuevas generaciones no tenían perspectivas de vida. Si el sistema se levantó contra el zarismo, pensaban que el zarismo debía tener cosas buenas. Si el enemigo del sistema es el capitalismo, entonces el capitalismo va a traer cosas buenas. Es la rehabilitación del zarismo, al que se le borran todos los males, y el capitalismo, como panacea. En Ucrania la rehabilitación no podía ser la misma. No se podía rehabilitar al zarismo porque era la potencia colonial. Podían, y lo hicieron, rehabilitar el nacionalismo y la independencia. Si la última vez te colonizó el comunismo, la reivindicación es anticomunista y nacional.

Los anticomunistas y nacionalistas que lucharon fueron los que se asociaron con Hitler, no tanto por ideología nazi, aunque los hubo, sino porque pensaban que la invasión de Alemania traía el fin del comunismo y la independencia de Ucrania. Hitler los dejó luchar primero y después los metió en la cárcel. Los soviéticos los recuperaron y los ahorcaron.

¿Cómo impactó el choque con Rusia en los grupos nacionalistas ucranianos?

En los primeros años de este siglo, florecieron institutos y políticas de rehabilitación de esos grupos nacionalistas y anticomunistas, que rehabilitó como consecuencia al colaboracionismo. En 2008, la sociedad rechaza eso y vota por el candidato presidencial pro Moscú. Antes de los batallones como Azov, Rusia ocupó Crimea. El nacionalismo ucraniano hizo tonterías como prohibir la lengua rusa. Eso provocó situaciones políticas difíciles en el Este. Muchos son ucranianos que se criaron en escuelas rusas. Ahora eso está cambiando porque los rusos no están bombardeando solo objetivos militares, sino sobre todo están aterrorizando a la población civil. No se entiende esa fiebre nacionalista de esos grupos que se constituyeron en milicias sin la ocupación de Crimea.

En América Latina hay una visión algo distorsionada y extraña sobre Putin. La aversión a la OTAN parece darle legitimidad a la guerra que plantea en Ucrania incluso en sectores de la izquierda, como si no importara el autoritarismo que practica en Rusia, sus posturas reaccionarias y la alianza con la ultraderecha europea. ¿Creés que la propaganda rusa tuvo éxito o que gana la idea de que el único imperialismo a condenar es el estadounidense?

Hay tres factores. En América Latina existe una falta de información importante, mientras que Europa Occidental, desde que los rusos llegaron a París y vencieron a Napoleón, está acostumbrada a seguir de cerca lo que pasa en Rusia. La Guerra Fría aumentó eso. En segundo lugar, creo que hay un problema de pereza intelectual en los sectores que abrazan consignas emancipadoras y se callan sobre el hecho de que por defender esas mismas consignas en Rusia vas 15 años preso o te matan. Es más fácil aferrarse a viejas fórmulas que pensar todos los días cómo el mundo va cambiando. Con ese razonamiento habría que haber estado del lado de Alemania porque estaba contra Estados Unidos en la segunda guerra mundial. Hoy es fácil informarse. La directora de RT dijo que el modelo a seguir era China. Porque no se necesitan libertades. Más que antiimperialismo, hay antinorteamericanismo. Si uno es antiimperialista está en contra de ciertos valores y rasgos, independientemente del país que los manipula. No tengo ninguna inocencia respecto a la política imperialista de Estados Unidos y nada en contra del pueblo norteamericano. Eso es pereza intelectual. La ultraderecha de Estados Unidos es el aliado más fuerte de Putin en el extranjero. La extrema derecha europea ahora está negando y critica suavemente a Rusia. Pero están agarrados. Marine Le Pen le debe 9 millones a un banco ruso. La OTAN se expandió porque fue una decisión de los pueblos. No entraron por la fuerza, hubo referéndums. En ninguno de esos países el porcentaje bajó del 60 por ciento. Los pueblos que rodean a Rusia le tienen miedo. Rusia no tuvo que esperar a la OTAN para tener ambiciones imperiales. Las tuvo antes de que Estados Unidos fuera un país. Por eso hice un libro de historia. El último factor es la gran confusión ideológica. El antiliberalismo del Kremlin consiste en el rechazo a los componentes democráticos y emancipadores del liberalismo político conquistados con la Revolución francesa».

 

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