Diciembre poético
Después de algunos viernes atravesados por feriados, lluvias y pequeñas interrupciones del invierno, nuestro Club de lecturas volvió a encontrarse. Necesitábamos un impasse del trabajo que veníamos haciendo en la Biblioteca del Centro Comunitario y nos dejamos llevar por la poesía. Fue una decisión: leer por leer, sin programa, sin obligación, dejarnos conmover, como en cada encuentro.
En la mesa circularon Borges, Dickinson, Juarroz, Cristina Peri Rossi y Pizarnik. Cada quien eligió un poema que lo había tocado de alguna manera, por una imagen, por un ritmo, o por ninguna razón clara. Leímos en voz alta, sin apuro, dejamos ir cayendo las palabras juntxs.
Cuando llegamos a Borges nos sorprendimos; la mayoría desconocía esa faceta poética suya y más aún esos poemas de amor que parecen escritos desde la calma y la desesperación. Hubo silencio, después risas tímidas, después comentarios que abrían puertas nuevas. Alguien preguntó qué tiene realmente para decirnos Borges sobre el amor, si en sus poemas lo siente, lo piensa, lo recuerda o simplemente lo escribe para no perderlo del todo. Y seguimos ahí, entre versos.
Hubo un momento especialmente lindo: alguien propuso desarmar de una vez por todas las idealizaciones amorosas. Lo dijo más o menos así: “Nunca va a alcanzarnos exactamente lo que imaginamos. Nunca se va a cumplir tal cual la ilusión.”
Nos reímos, porque el psicoanálisis circula en el grupo: aparece en chistes, en pequeñas observaciones, sin teorizar, más bien en fragmentos que nos tocan y atraviesan.
Más tarde volvimos a Cristina Peri Rossi. Hacía muchísimo calor, pero eso no nos impidió seguir. Sus textos sobre el exilio, el desarraigo y el amor como una forma de sobrevivencia nos llevaron a otro clima, más íntimo. Hablamos de cómo ciertas experiencias -el desamor, las pérdidas, los viajes forzados o elegidos- encuentran en la poesía un modo de volverse soportables.
Terminamos votando, por simple entusiasmo, que el próximo encuentro lo dedicaríamos de lleno a Borges y sus poemas de amor. No para resolver nada, sino para acompañarnos un poco mejor en lo que cada uno trae.
Cierro esta crónica con nuestro favorito de la jornada como una ventanita que se abra para ustedes también, quizás…
Las causas
Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
Jorge Luis Borges
Maia Kahanoff
Club de lecturas “Ramos Mejía”
Centro Comunitario/Centro de día
Ramos Mejía – Pcia. de Buenos Aires