Soy un niño que ve como la oscuridad se transforma en luz
Un sueño de luz
como en la niñez.
Un sueño que es
un dulce amanecer.
Así, mientras la luna brille
y el sol no caiga,
yo estaré feliz.
«Mi sueño de hoy” – Luis Alberto. Spinetta
Toda la vida es sueño…sueños despiertos, sueños dormidos. La ensoñación, la fantasía, la ficción, la realidad. Temas que vienen sobrevolando los viernes del Club.
Con un agasajo para compartirnos y celebrarnos, los sueños iban a atravesar el recorrido de lecturas de nuestro último encuentro de este año. Sueños bobos, conocidos y tantos sueños por soñar ofreciéndose. Sueños recurrentes, sueños con personas queridas que nos visitan en ese país nocturno. Un país lleno de sueños que se desprenden de la cabellera larga y bella de una mujer, un estandarte de sueños rotos, sueños olvidados y despedidos en una estación de tren, fueron apareciendo en una lectura coral que hicimos de los sueños de Helena, de Eduardo Galeano.
La imaginación, los sueños… ¿Dónde está ese límite? ¿En las nubes? Hacia allí fuimos invitadxs por Peter Fortune en el libro En las nubes de Ian McEwan. Peter sueña que es un niño en un cuerpo de grande y en ese sueño se mezclan el mundo de los grandes y el de los niños.
Pablo recuerda sus juegos de infancia con bombuchas y le gustaría volver a jugar. Saber que no hay responsabilidades ni oscuridad. Mirar la vida con ojos de niños, jugar la vida como un niño. Pero el tiempo pasa y hablamos de la experiencia del tiempo para cada cuerpo, para cada unx. De la cárcel como un espacio donde el tiempo también queda detenido.
El sueño de Peter nos permitió pensar en un equilibrio necesario entre la experiencia adulta y la manera de habitar el mundo de lxs niñxs: permitirnos el juego, la risa, la sorpresa. Chocho dice que él no fue niño.
La última parada de este viaje fue de la mano del Recetario de sueños de Isol: Nocturno.
La vida es sueño… como un cuento narrado en la oscuridad debajo de una mesa, donde la magia existe: la oscuridad nos sorprende a todxs con sus posibilidades. La penumbra y la linterna que ilumina una página que invita al sueño. La luz se apaga y aparece lo que la claridad no permitía ver. La oscuridad también tiene imágenes, otras imágenes que sólo se ven así, a oscuras. La imagen oculta aparece y estos hombres-niños exclaman asombrados. El sueño de irse lejos y una casa se convierte en nave espacial. El sueño del compañero de habitación y un monstruo se asoma: el servicio penitenciario, la requisa, el recuento. Pero… ¡Aaahhhh! nada es lo que parece: el monstruo abraza y sonríe, sólo quería compañía.
Debajo de una mesa cubierta con telas negras, mesa-refugio en una biblioteca intramuros, las formas aparecían brillantes bajo los ojos asombrados de niños gigantes que no entraban cómodamente debajo de la mesa, pura carcajada descifrando imágenes y sueños.
-¡Soy un niñoooo!- gritaba Chocho.
La literatura, como la oscuridad generosa, nos abre la puerta a otra forma de existencia, más allá de la que nos toca.
Laura Ares y Vanina Santoro
Club de lecturas de la Biblioteca Juan Gelman.
CUSAM- Unidad 48
San Martín – Pcia. de Buenos Aires