Todas las voces, todas
Se acerca el fin de nuestro año con nuevos libros y nuevas miradas.
Rosana llega convidando caramelos de miel y nos dice que no trajo el libro que se había llevado de Diana Bellessi porque todavía no lo terminó. Entonces le recuerdo que no es obligación leerlo completo, que puede elegir algún poema que le guste y compartirlo en el grupo. Entonces Rosana cuenta que lo lee en el bar, que se pasa dos horas ahí, se come algo rico y llega hasta determinada página. Así que calcula que le quedan todavía dos cafés para terminarlo. Es un hermoso ritual, una cita con ella y la poesía, un momento de desenchufe con el resto.
Lidia se había llevado a Wisława Szymborska y nos cuenta que eligió varios poemas, y que anduvo buscándola en Google y ahí recomendaban un poema que fue el primero que leyó: «Nada dos veces», de 1957.
Nada sucede dos veces ni va a suceder, por eso / sin experiencia nacemos, / sin rutina moriremos. / En esta escuela del mundo / ni siendo malos alumnos /repetiremos un año, / un invierno, un verano. […]
Y siguió compartiendo su lectura de «Un gato en un piso vacío» y «Pietá». A partir de este poema, que nos quedamos sin comprender bien, Lidia nos cuenta la historia de María Estuardo e Isabel de Tudor.
Esta vez es Marcelo quien se lleva el libro de Wislawa y vuelve a la semana siguiente contento, diciendo «me lo leí todo y se lo leí a las chicas (del geriátrico donde vive su madre) también y les encantó». Seleccionó un montón de poemas y compartió algunos mientras nos contaba que hay poemas de los años ’50 y de los ’90 y que si se presta atención se nota la diferencia cómo cambia su manera de decir y cómo se puede percibir el cambio de épocas. Lucre agrega que como lector-lectora también pasa que uno lee diferente según el momento.
Marcelo lee:
Henos aquí, amantes desnudos,
bellos —y mucho— para nosotros mismos,
sólo cubiertos con hojas de párpados,
recostados en una noche profunda.
Nora que por sus actividades prefiere no llevarse libros, tomó mi sugerencia de recorrer su biblioteca, y cuando llega dice «tomé en serio tu desafío» y saca de su bolsa un montón de libros de poesía, entre ellos Galeano, Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana… Y la lectura de Marcelo le recordó uno de los que había traído señalado, de Eduardo Galeano:
Los amantes
No puedo dormir.
No puedo dormir.
Atravesada entre los párpados
tengo una mujer,
secreta mujer
tan sol y tan luna
que abre mis ojos y me obliga a ver
mi desventura y mi fortuna.
Marcelo dice que Serrat lo canta y lo enlaza con otro de Wislawa y después Nora lee «Para la cátedra de historia» de Galeano y por último «Tribal del fuego», de Hamlet Lima Quintana que asoció a la Saga de los Confines de Liliana Bodoc que estamos leyendo.
Norma dice que no trajo el de Diana Bellessi porque le gustó un montón. Que viene disfrutando de la poesía en este tiempo pero que ésta es la que más le llega y habla de la referencia a los animales.
Y para terminar Nora dice «reivindico la lectura de poesía».
Lucre se lleva a Wislawa, Norma volverá el martes para contarnos de Bellessi y yo…. me llevo a Lima Quintana, «Callvucurá y su elogio de la tribu», que me presta Nora.
El martes siguiente vuelvo con este libro y comento que tiene algunos puntos que me recuerdan a la saga que estamos leyendo. Algunas palabras, su esencia. Luisa pidió llevarlo, aclaré y Nora dijo «¡por supuesto, que circule!» Así que Luisa se fue acompañada por Hamlet. Nora había traído uno de Tejada Gómez y contó que sigue redescubriendo su biblioteca, que tiene libros que no recordaba que tuviera y nos regaló «Un golpe de timón».
Algún día en los días
de tu vida y la mía
habrá que decidir
y habrá que responder:
¿Quién soy? Adónde voy?
¿Qué hago bajo la lluvia?
¿Qué brújulas o qué brujos
dan el paso que doy?
¿Quién guía esta tormenta
en la que soy el náufrago
de un océano loco
donde soy y no soy?
Denme un mapa, denme
el libro de bitácora,
la última golondrina
que ayer partió al adiós.
Denme un dato de algo,
una breve gaviota
que me dé la certeza
de un golpe de timón.
El que cambia de vida
cambia también de muerte.
Quiero elegir la muerte
de la vida que soy.
¿Quién dio más por tan poco?
¿Quién puede contestarme,
ahora que estoy dando
un golpe de timón?
Lentamente empezamos a pensar en la muestra de fin de año. La armamos colectivamente seleccionando partes de lo que fuimos leyendo para hacer una lectura en voz alta.
El día de la muestra yo presenté de qué se trata nuestro taller y Nora siguió con un párrafo de «El Infinito en un junco» que estábamos leyendo. A continuación Norma (que había elegido un microcuento de la «Antología de la literatura fantástica» de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo) hizo dupla con Lucía y lo leyeron representando al narrador y a los personajes del diálogo del cuento. Siguió Marité con Diana Bellessi:
Tan alta, tan erguida
El veinticuatro empieza a alargarse el día
decía mi mamá, y se acaba el invierno
que recién comienza cuando se agranda la luz
día por día, no es eso acaso lo que sentís
que pronto llega la primavera aunque pongas
tus piecitos cada día en el invierno y hoy
en el corazón de él con nubes grises en el cielo
donde empieza lentamente a agrandarse la luz
mientras salen las acelgas para alegrarme
julio con la puerta abierta por donde
entra el frío al que espero hora tras hora
y llega la noche otra vez, un respingo de luz
y de nuevo la sombra de la noche tan alta
y tan erguida que me da miedo mirarla
y ese miedo me pone feliz como cuando era
joven y dan ganas de escribir aún
en este cuaderno azul a lunares
que compré aquí donde nada parece feliz
salvo los yuyos y los perros que me acompañan
en la larga noche abriéndose a la luz.
Para esta muestra, sin planearlo, estuvieron presentes el ensayo, el cuento, la poesía y la canción.
Y en el cierre Marcelo leyó la poesía de Horacio Guarany, “Si se calla el cantor” con un final colectivo en el que Marcelo convocó a todos los presentes, sin decirlo, sólo con el silencio, ya que culminó el poema dejando suspendido el anteúltimo verso:
si se calla el cantor…
y la cantidad de gente presente en la muestra final del Centro Cultural Colegiales completó, sin dudar y al unísono:
calla la vida.
Selva Bianchi
Club de lecturas “Colegiales lectores”
B° de Colegiales – C.A.B.A.